LA LIBERTAD, EL REY, SUÁREZ Y TORCUATO

La liquidación legal del régimen franquista en menos de un año no habría sido posible sin el protagonismo de un político con unas dotes excepcionales para la magia leguleya: Torcuato Frnández-Miranda y Hevia (Gijón 1916-Londres 1980)

El se inventó a Adolfo Suárez y se lo sirvió en una terna para que lo eligiera el Consejo del Reino (“hay tréboles de cuatro hojas”, “estoy en condiciones de llevar al Rey lo que me ha pedido”, dijo aquel julio de 1976 en el que realmente se notó la verdadera muerte de Francisco Franco).

Fernández -Miranda, desde que el Rey lo nombró presidente de las Cortes aún franquistas, ideó un plan para derribar el sistema desde dentro del propio sistema. Se lo sabía todo. No en vano, el gran perdedor José María de Areilza lo definió así cuando se enteró de la fumata blanca de Suárez: “Es como un murciélago astur que duerme colgado de las vigas de las Cortes”.

Una pista de lo que pensaba hacer la dió Fernández-Miranda cuando tomó posesión como presidente de las Cortes, el 3 de diciembre de 1975: “Me siento total y absolutamente responsable de mi pasado: soy fiel a él, pero no me ata, porque el servicio a la patria y al Rey son una empresa de esperanza y futuro”

Este admirador de Ortega fue ministro del Movimiento y vicepresidente del Gobierno con Luis Carrero Blanco.

Y Torcuato dijo que no le ataba el pasado. Y no le ataba, porque de siempre se había prodigado en mil y un malabarismos dialécticos. He aquí alguna muestra: “Soy socialista sin llegar a ser marxista; liberal pero sin llegar al libre mercado; joseantoniano, pero sin ser falangista…”

O esta otra filigrana cuando juró como ministro del Movimiento sin la camisa azul de rigor: “Soy y quiero ser el ministro de todos los españoles, ese es el significado de que haya tomado posesión de mi cargo con camisa blanca. Pero cuando quiero demostrar mi origen, visto mi entrañable camisa azul”.

Fernández-Miranda fue quien acuñó celebres hallazgos semánticos tales como “pluriformismo” o “poliformismo”, “ofensiva institucional”, “socialismo integrador”, socialismo nacional” y, sobre todo lo de la “trampa saducea”. “Decir si o no a las asociaciones políticas es una trampa saducea”, explico en noviembre de 1972 a unas Cortes perplejas escuchando aquello de “si algo niego, lo hago porque lo que afirmo previamente me lleva a las negaciones circunstanciales que configuran y definen la afirmación que mantengo”.

El Rey, Fernández-Miranda y Suárez fueron el triángulo del cambio.  Antes del 15 de junio de 1977, Torcuato dimitió por su enfrentamiento con Suárez. En 1980 murió de infarto. Había vivido tres años con el título de duque.

A golpe de ley desarticuló el franquismo.

 

Desatado y bien desatado. El Periódico. 1985

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