MAR O MONTAÑA de Antoni Puigverd en La Vanguardia

Si el profesor Castells hubiera deducido a los funcionarios el IRPF de una paga extra no cobrada, habría caído el diluvio universal sobre el Govern tripartito. No cae sobre el profesor Mas-Colell el diluvio. Ni se ceban los medios en los errores a los que se ve forzado el Govern Mas por la gravedad de las circunstancias. Eso es así por una razón: la sociedad catalana no puede regodearse más en las propias miserias. La crisis económica define la triste realidad. No podemos permitirnos el lujo de añadir a la deprimente realidad un enfático juicio de los fallos del Govern. Pero la gravedad de las circunstancias, que atempera las críticas, no impedirá que se exija al Govern una carta de navegación. La ambigüedad es útil: permite recoger votos contradictorios entre sí. Pero la realidad no admite ambigüedades. Las dificultades obligarán al president Mas a escoger un itinerario. Y nada más opuesto a una carta de navegación que lo que hemos vistos estos días: Duran votando no a la investidura de Rajoy y, al día siguiente, Mas concediendo a Rajoy un retórico voto de confianza.

 

Como ya explicamos en su momento, la aventura del Estatut no sólo reforzó las líneas rojas del Estado español (sentencia del TC), también calibró el músculo real de los partidos catalanistas: capaces de enzarzarse en una batalla de alto riesgo para la que ni contaban con presión en la calle, ni con fuerza suficiente. La sentencia marcó un dilema: o echarse al monte o capear el temporal intentando no perder lo ganado en 30 años. El aliento sentimental que el Govern siente en el cogote, el aliento del entorno nacionalista, lo empuja a echarse al monte. El no de Duran a la investidura responde a dicho aliento. Más allá de este entorno, la frialdad de la sociedad catalana es evidente. El Govern es consciente de que puede quedarse solo. Solo en compañía de ERC, formando un front nacional de montañeros.

 

Las principales fuerzas económicas y la población catalana en general no parecen estar, y menos en este gravísimo momento, por nuevas aventuras. Y sin embargo, el pacto fiscal sigue apareciendo, en boca del Govern, como la medicina adecuada a la neumonía de las finanzas catalanas. No puede tardar el momento en el que Mas explique, primero, qué sentido tiene la narración por capítulos de la asfixia de la Generalitat y, después, cuál de los dos caminos escoge. Capear el temporal con realismo exige explicar a los que le votaron con el corazón soberanista que estos no son tiempos de épica ni de lírica, sino de frialdad defensiva: conservar lo ganado no será fácil. El otro camino es el de sumar a la tremenda crisis económica un no menos tremendo órdago institucional. Pero esta respuesta exige no olvidarse del 6 d’Octubre de 1934. Sin dificultad llegó el general Batet a la plaza Sant Jaume. La radio de la Generalitat invitaba al pueblo catalán a rebelarse mientras las calles de Barcelona quedaban vacías.

http://www.lavanguardia.com/opinion/articulos/20111223/54243262737/antoni-puigverd-mar-o-montana.html

 

 

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