CONVERSACIONES SOCIALISTAS EN BARCELONA de Carlos Carnicero

¿Puede un militante votar a otro partido distinto del suyo y no sentirse traidor? Cada ciudadano es el dueño exclusivo de su voto en un universo donde la política no es una religión sino un compromiso. La incondicionalidad es una rendición incluso en el amor.


Cataluña puede ser una excepción relativa para el PSC con respecto al PSOE en cuanto a los resultados del 20-N. Las encuestas predicen que será la primera fuerza a pesar de perder diez de sus veinticinco escaños. Es decir, los dirigentes del PSC pretenderán que han ganado perdiendo el 40 por cien de sus escaños.
En segunda posición, dura lucha entre CiU y el PP por conseguir el segundo puesto en un reparto casi al cincuenta por ciento, con varapalo para ERC, que sigue desangrándose por las costuras de sus contradicciones.
Un taxista me decía que las secuelas del tripartito han herido la identidad del PSC y que tardará mucho en conectar otra vez con su electorado natural. Es de origen árabe y lleva en Barcelona más de cuarenta años. Interesante personaje.
Los partidos se reconstruyen desde las catástrofes. Cuando se guardan las apariencias y se evita la sensación de derrota, camuflándola en malabarismos matemáticos, las cosas no pueden cambian. Quienes controlan la sala de máquinas de los partidos sólo salen cuando se les echa agua caliente. Hay que sulfatar desde la consicencia de los resultados.
En la noche electoral se repite la insoportable ceremonia de pretender que nadie ha perdido desde el relativismo de la observación parcial de los resultados.
Si se cumple el descalabro controlado del PSC, encubierto en mantener la primera posición, saldrá Carme Chacón orgullosa de ser la excepción –probablemente junto a Euskadi- en la que el socialismo ibérico (no digamos español, para que no haya suspicacias en el nacionalismo socialista catalán)siga siendo la fuerza más votada, a pesar de sus caídas.

Los partidos se reconstruyen desde las catástrofes. Cuando se guardan las apariencias y se evita la sensación de derrota, camuflándola en malabarismos matemáticos, las cosas no pueden cambian. Quienes controlan la sala de máquinas de los partidos sólo salen cuando se les echa agua caliente. Hay que sulfatar desde la consicencia de los resultados.

El PSC necesita como el resto del socialismo una profunda recuperación de su identidad y la formulación de un proyecto diferenciado del centro derecha.
Le acosa un nuevo peligro. Si, por casualidad, la apariencia de moderación de Mariano Rajoy desde hace unos meses, fuera reflejo de un cambio hacia una derecha moderna y europea, el talismán de la derecha dura, que le ha servido al PSOE para pasar el rastrillo electoral, desaparecerá. Y entonces sin proyecto socialdemócrata, se encontrará con el vacío. Nada es eterno. Y la supervivencia del PSOE no está asegurada por su historia, sino por el esfuerzo continuo e inteligente de sus militantes.
Unos amigos, militantes del socialismo catalán, mostraban, paradójicamente o no, su preocupación porque la derrota del PSC no fuera suficiente. Me explicaré sobre lo que ellos explicaban.
El PSC va en caída libre en las autonómicas y en las municipales. Si Carme Chacón salva las apariencias con la pretensión de una “dulce derrota” el 20-N, haber sufrido un descalabro no servirá para la regeneración del partido y la sustitución de una clase política que lleva veinticinco años monopolizando el PSC.
Carme Chacón tiene la ambición de ser la secretaria general del PSOE. Para mi sería la continuación más nefasta de la estela de Zapatero, Rubalcaba y la generación de dirigentes que han llevado al partido a su estado actual.
Uno de mis amigos socialistas catalanes me preguntó: “¿Crees que es un traidor quien siendo militante de un partido vota a otro?
Le pregunté si me creía experto en traiciones por ser crítico con éste partido socialista y éste gobierno. Lo hice en broma, como un reflejo de ésta España inquisidora en la que pensar por libre es delito de lesa patria.
“El voto de cada uno no es del partido al que pertenece”. Le explique que uno no es de un partido sino que apoya lo que de él considera valioso y en los momentos en que cree que satisface las aspiraciones políticas e intelectuales de cada uno.
Si los votos fueran propiedad de los partidos no harían falta elecciones. Bastaría con contar militantes.
¡Claro que se puede votar a otro partido y seguir siendo militante del que se quiere cambiar! El voto es el instrumento de la democracia, pero el voto no es la democracia. La democracia es la libertad de cada uno en la que administra sus apoyos como quiere.
Convinimos en que al PSC le conviene una derrota suficiente para poder reconvertirse como proyecto de izquierda sin complejos nacionalistas. Entre otras cosas. Si no, es posible que sea absorbido por la realidad. Así de simple.

http://ccarnicero.com/2011/11/12/conversaciones-socialistas-en-barcelona/

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