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MITO Y CONTRAMITO DE LA BATALLA DE GUADALARA

julio 23, 2011

La batalla de Guadalajara fue uno de los grandes mitos de la guerra. Su importancia psicológica, política y propagandística fue muy superior a su repercusión sobre la marcha puramente militar de la contienda. Fue ante todo, la prima sconfitta del fascismo (la primera derrota del fascismo), según el título del libro de Olao Conforti. Rompió por tanto, el mito de la infabilidad e Mussolini -“El Duce siempre tiene razón”- y suministró abundante material para la campaña de los antifascistas.

Esto explica que Mussolini, después de tragarse las píldoras y de leer un mensaje de Franco, entre la disculpa y la condolencia, escribiera que Guadalajara había sido una victoria: “Una auténtica victoria que no se pudo explotar debido a acontecimientos ulteriores. De los cuarenta kilómetros conquistados, los italianos conservaron veinte”. No obstante, el Duce se lamentó en privado de que los españoles “apenas habían disparado un tiro durante los días decisivos”.

El poeta Antonio Machado, que llamó a Mussolini “faquín endiosado” replicó con sarcasmo a la balandronada:

“Quien avanza hacia atrás huye hacia adelante. Que las espantadas de los reaccionarios no nos cojan desprevenidos, dijo Juan de Mairena hace ya mucho tiempo.”

Ernest Hemingway, aunque no presenció la batalla, que él llamó de Brihuega, recorrió el escenario de la Alcarria y contribuyó decisivamente a su hipérbole épica:

“Llevo cuatro días estudiando la batalla, recorriendo el campo con los comandantes que la dirigieron, y pudo decir tajantemente que Brihuega ocupará un lugar en la historia militar junto con las otras batallas decisivas del mundo.”

El periodista norteamericano Herbert Matthews, en una crónica publicada en el New York Yimes, sin miedo a la exageración e incluso al anacronismo, hizo alarde de conocer la historia española:

“A mi juicio, en el mundo no se ha producido, después de la guerra europea, nada más mportante que la derrota de los italianos en el frente de Guadalajara. Lo que Bailen fue para el imperialismo napoleónico, Brihuega lo fue para el fascismo y para lo que, por lo demás, puede ser el resultado de la guerra civil”.

El jefe de Estado Mayor republicano, Vicente Rojo, sensible por una vez a los dictados de la propaganda, dijo que Guadalajara había constituido, ante todo, una derrota del invasor extranjero, sin reparar en que a sus órdenes actuaban unidades igualmente integradas por extranjeros:

“En realidad, las dos victorias tácticas de Jarama y Guadalajara constituyen un mismo éxito estrátegico para la República y, al mismo tiempo, un éxito moral, porqué se derrotó plenamente al invasor, y por esto en la historia de nuestra guerra, cualquiera que sea quien la escriba, la batalla de Guadalajara será siempre un alirón de gloria”.

FRANCO Y LOS FASCISTAS

El embajador italiano en Salamanca, Roberto Cantalupo, se quejó amargamente de la embozada satisfacción que se respiraba en el bando nacionalista por la derrota de Guadalajara. Circularon innumerables chistes y chascarrillos, en uno y otro bando, sobre la presunta cobardía de los italianos y en el cuartel general franquista propagó la especie de que “los soldados españoles son los mejores del mundo, seguido de los rojos”. Se decía también que las siglas CTV significaban “¿Cuando te vas?”

Extracto de la Guerra de Todos de El Periódico.