EL HUMO QUE NOS CIEGA de Gregorio Morán en La Vanguardia

SABATINAS INTEMPESTIVAS

Tengo una sensación rara. Ocurre  cuando tienes la impresión de que te están tomando el pelo y no debes darte por aludido porque te reprocharán vanidad y egolatría. Probablemente no sea algo personal, sino el mismo sentimiento de un buen puñado de gente que contempla con enfurruñada perplejidad la desvergüenza inaudita de un poder al que muchos le siguen las gracias, como si se creyeran que la mejor fórmula para engañarse a sí mismos consiste en tratar de engañarnos a todos.

La diferencia entre la realidad y lo que nos cuentan me parece abismal. No es que se oculte lo que está ocurriendo, sino que nos estamos convirtiendo en prestidigitadores. Bastante malos por cierto porque se ve el truco a la legua, pero como la gente se calla, imaginamos que lo acepta.

Aplicamos el mismo principio que funciona en las televisiones: si usted da basura y la gente la consume, no se pregunte por qué no le damos otra cosa, que a lo mejor le gusta más. Mantengámosla, es más barata.

Frases que no escuchaba desde hace décadas han vuelto al mercado de la información. El optimismo, por ejemplo, como prueba de que no estamos tan mal como dicen por ahí. Y entonces uno busca a los que se empeñan en decirlo y no los encuentra. Es más, todo lo que yo leo, veo y escucho me explica lo contrario. De vez en cuando se cuela algo, pero en seguida lo pierdo. (Me ocurre como con Radio Clásica de RNE, por más que me esfuerzo me la tapan) Por ejemplo, sé que más de mil familias de un barrio de Barcelona pasaron la Nochebuena y la Navidad sin corriente eléctrica. ¿Alguien se imagina lo que es preparar la Nochebuena y la Navidad, y que se vaya la luz y no vuelva en varios días? Un optimista diría que es una buena oportunidad para hacer sushi de pescado y “carpacho” de carne. Un pesimista se preguntaría por qué es la enésima vez que pasa en El Carmel y qué responsabilidades tiene la compañía.

Hemos abierto el año con la cifra de parados más alta de la historia de España. Más de cuatro millones. Un optimista le dirá que hay una señal positiva, y es que el paro no se ha incrementado con la misma proporción del mes anterior. Un pesimista confirmará lo que es obvio: el que escribe cosas así tiene un trabajo y probablemente un plan de pensiones, por no entrar en mayores consideraciones sobre la jeta y la desfachatez. La electricidad ha subido un 10 por ciento, y el ministro del ramo asegura que no es más que un café, y no llueven las reacciones exigiendo que ese frívolo desaparezca de una maldita vez de nuestras vidas, que ya tenemos suficiente. ¿Saben que la modesta lechuga de ensalada ha subido también un 10 por ciento?

Y no pasa nada. O una de dos, o estamos en el país europeo con mejor situación económica y social, prueba de nuestra estabilidad social y la ausencia de conflictos, o tenemos los sindicatos y partidos de izquierda más incompetentes y corruptos del occidente europeo. La gente está más jodida que nunca, les desalojan de sus casas, les suben las hipotecas, la luz y hasta la lechuga. Quienes se han dedicado a prejubilar a todo trapo aseguran ahora, a los que quedan, lo bueno que será jubilarse a los 67, porque el sistema amenaza quiebra dentro de treinta años, cuando los mismos que lo dicen estarán disfrutando de un hermoso retiro. Hemos pasado de lamentarnos porque nuestra juventud tenía un horizonte mileurista a contentarse con una soldada de 400 euros. Y en ésas estábamos cuando el Prestidigitador Jefe, vendedor de humo por excelencia, animó al personal y dijo: ¡El tabaco!

España entera discutiendo sobre si el humo es lo más perjudicial que le puede ocurrir a una sociedad. Si fumas, ¿tienes salvación, o te condenas? Los historiadores del futuro se descojonarán de risa cuando encuentren las partidas que se dedicaron a la gran campaña contra el tabaco; cómo se financió, quiénes participaron, cuánto cobraron y por qué lo hicieron. ¡Qué trémolos! ¡Cuánta emoción! ¡Oh, la historia del camarero de Zaragoza, muerto arteramente por el humo que pilló en la cafetería donde trabajaba! Anónimo, por supuesto. ¿Y las estadísticas? Ni la guerra de Vietnam llegó a matar a tantos soldados norteamericanos por año, y eso que eran todos fumadores, como el tabaco en España ¿Afganistán? Una nadería. España entera es una camilla de urgencias atestada de fumadores activos, pasivos y subjuntivos.

¿Y los conversos? Ayer, tan sólo ayer, yo los vi fumando compulsivamente, insaciables, arrolladores en su desdén hacia los demás. Fumaban incluso caminando -nunca entendí la gente que fuma por la calle, porque para mí fumar es un placer que exige cierta concentración; soy fumador de puros habanos y lo seguiré siendo mientras lo aguante mi economía y lo admita mi médico-. ¿Se acuerdan cuando se fumaba en los quirófanos? ¿Quieren que le pongamos fecha a la cosa? ¡No avasallen, exactamente igual que hacían antes, implacables salvadores de tu alma, tu pulmón, tu cojón y tu vida! Si ellos han visto la luz, si se han salvado cuando ya estaban al borde del abismo, como es que tú, desecho humano, no entiendes que ha llegado la hora de decir basta al pecado, que no tienes derecho a hacer sufrir a los camareros y camareras, a tus hijos e hijas, esposas y amantes, amigos y amigas, suegros y suegras, y menos ahora que ya no tendrán ni derecho a jubilación, y además están embargados por hipotecas y frustraciones. Además, no fumar es moderno. Como en Nueva York.

Lo más patético es ver a un “pringao”, en paro y con hipoteca, que te advierte con el aplomo de un ejecutivo bancario: “¿y el gasto sanitario que ocasionan los fumadores?”. Pobre gente. Nunca imaginé tener que citar a mi padre, que no se distinguía por su talento analítico, pero que era “de derechas de toda la vida”, decía. Recuerdo que siempre hacía referencia a un tipo, Benigno, se llamaba, y preguntaba sorprendido a mi madre, cómo era posible que Benigno, con lo pobre que nació, que creció y sobrevivía a su miseria en una portería, fuera tan de derechas. A él mismo le resultaba inexplicable. Los idiotas son irrecuperables, eso lo aprendemos demasiado tarde. Alguien debería tomarse la molestia de hacer la relación de gastos, sanitarios y no sanitarios, que has de soportar tú, imbécil, de los que no sólo no te enteras sino que ni siquiera te imaginas, y que tampoco te dirán.

Al Gran Prestidigitador le ha salido de perlas, por más que el truco sea de una torpeza tal que a algunos nos produce esa sensación de que nos están tomando el pelo. España dividida entre fumadores compulsivos y talibanes de la salud. A tenor de su efecto, de la contemplación de gentes a las que nunca hubiera  imaginado apelando al exterminio del contrario, pienso si al vendedor de humo esta vez le ha funcionado. No es la primera vez. Me acuerdo de otra genial, cuando no tenía absolutamente nada que ofrecer ni nada que pensar que no fuera su supervivencia, y se invitó a la izquierda al descubrimiento de fosas: a buscar huesos de antepasados y de paso ganarse una soldada. No creo que haya mayor gesto de desvergüenza que esa promoción política hecha por el mismo partido que había gobernado, casi sin interrupción y con mayoría absolutísima, desde octubre de 1982; cuando aún era una cuestión de hijos, y no de nietos, como ahora. Me humilla hasta recordarlo. Como ciudadano que soy, como militante que fui y como recuperador de memoria asesinada. La izquierda española a la búsqueda de tibias rotas y calaveras con agujero.

Después de aquello, esto de ahora es una broma. Es verdad que lleva ese toque torpón -”nos conviene tensionar”- que al Prestidigitador, al no ser muy fino, se le escapa. Que Leire Pajín en un cargo resulta como una elefanta sin necesidad de cacharrería. Y luego ese rasgo genialoide, que ni el gran Azcona habría logrado: está permitido fumar en los psiquiátricos, las cárceles y ¡los geriátricos! De todos modos a mí, como ciudadano escasamente respetuoso con la ley en general y con sus administradores en particular, lo que más me conmueve es lo de esos caballeros y damas que afirman, muy seguros de sí mismos: “Las leyes están para cumplirse”. ¿Todas?

http://elcomentario.tv/reggio/tag/gregorio-moran/

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