PROGRES

Progre: el diccionario lo define, en primera instancia como progresista que, a su vez, es renovador, reformista, innovador. Todo eso está muy bien: ¿quién no quiere ampliar horizontes, quien no desea un cambio, quién no quiere mejorar?. Desde este punto de vista casi todos somos unos progres. Pero el diccionario queda un poco incompleto con estas definiciones pues no se adaptan a la realidad. No define lo que todo el mundo conoce como un “progre”.

¿Qué entendemos por un progre?. Principalmente, se trata de un individuo movido por ideales políticos. El progre está especialmente interesado en conceptos tan loables como la solidaridad, la libertad y la igualdad (¿y quién no?) pero, en su compromiso con tales conceptos y con la idea de modernismo, suele comportarse a menudo de manera incoherente con sus pretensiones llegando a una degradación de la conducta. Y es que el progre tiene un falso progresismo porque no es persona de ideas al estar más cerca de la conveniencia propia que de la reflexión. Le importa más defender sus puntos de vista, su estilo de vida, que mejorar realmente la sociedad.

El motivo de fondo es que el progre siente que los consejos morales amenazan sus costumbres, a las que bajo ningún concepto está dispuesto a renunciar, lo cual no deja de ser una conducta innata que casi todo el mundo tiene aunque no todos desarrollan. Es por ello por lo que algún autor los califica de egoístas extremadamente reaccionarios. Efectivamente, el negativismo y el espíritu de confrontación, derivados del modernismo que siempre han tratado de mostrar y de ese afán de protagonismo que les impulsa a comparecer en cualquier acto multitudinario de “NO a algo”, hacen de ellos seres molestos para todo el que persigue la armonía y la disciplina. Les encanta polemizar.

Además hay que destacar su instinto de rebaño porque un progre solo no es nada: necesita rodearse de los suyos, necesita un consenso antes de pronunciarse. Pudiéramos afirmar que el progre va a la contra pero a la vez se mueve al compás de su gente. El progre muchas veces no puede decir lo que piensa por miedo al “qué dirán los míos o los de más allá” (o, a lo mejor, es que no piensa)

Y digo yo… ¿quién es más dogmático: un progre o un conservador?. Sinceramente, no lo sé. Lo que sí sé es que a mí los dogmas no me gustan. Quizá éste sea el motivo de que me halle distanciado de la Iglesia, por ejemplo.

23-10-2003

http://www.jluis37.com/comentarios/23-10-03-progres.htm

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