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MEAR EMPALMADO Y CONTRA EL VIENTO de Ácratas

noviembre 23, 2010

Con frecuencia, se acusa a Ácratas de ser muy punzante en sus denuncias, pero no en sus soluciones. Pero es que arreglar la que han liado en España la banda de mangantes que nos desgobiernan es más complicado que mear empalmado contra el viento. La clase financiera, respaldada por la política —los nacionalcatólicos (PP y nacionalistas); y los falangistas (PSOE)—, saben que se va a liar una muy gorda, y creen que la cosa no tiene arreglo. Y mientras a los españoles se nos va poniendo peor cara
que a los pollos congelados del Eroski, los políticos se dedican a subirse los sueldos y a robar a manos llenas en el último momento, porque se les acaban las oportunidades, mientras los financieros botinescos y los grandes de España, asustados como monjas con retraso, expatrian muchísima pasta B a los paraísos fiscales, preparándose para una salida precipitada del país.

Os diré primero que, Historia en mano, conforme los países salen de la miseria absoluta y llegan a la opulencia, adoptan sistemas políticos que van de la tiranía a la dictadura, a la oligocracia, a la partitocracia y a la democracia. Os pondré algunos ejemplos, porque sé que andáis ahora mismo más desubicados que un chupete en el culo: China, como antes Rusia, no tuvo más remedio que instaurar una dictadura del proletariado para dar de comer a 1000 millones de chinos; y los Castro han durado tanto en el poder a base de no permitir que el pueblo cubano prosperase económicamente; la democracia norteamericana se corresponde con un nivel de vida y despilfarro doble que las partitocracias europeas; de la tiranía del Franco fusilando rojos y yendo bajo palio a la Ley de Partidos media el desarrolismo de los sesenta; y entre éste y la partitocracia oligárquica, la abundancia de los 70. Esta ley empírica es irrefutable: a más desarrollo económico, más participación política del pueblo(1); y es reversible: ante la involución económica chilena de los setenta, golpe de estado y dictadura oligárquica; o ante la crisis galopante de 2000 en EEUU, golpe de estado del 11-S y regresión de los derechos civiles y democráticos.

Os diré segundo que lo que está pasando en el mundo ahora mismo no es la consecuencia de un exceso, de un error que tenga corrección mediante medidas contracíclicas. Digan lo que digan Obama, Sarkozy o Merkel, y no digamos el idiota de Zapatero, que no reconoció la crisis hasta hace cuatro días, no estamos en una fase baja de ciclo: esto es una debacle, una caída a plomo del régimen capitalista; se trata del agotamiento de todo un sistema basado en la deuda. Los países que peor lo pasarán serán EEUU y su satélite, UK (ambos están en quiebra); y en Europa, España, porque es un país que, igual que EEUU, ha vivido durante años más tranquila que un ojo de vidrio, mientras acumulaba deuda exterior. Estamos ante el fin de algo que debe cambiarse por otra cosa diferente, que se rija por otros mecanismos.

Y os diré tercero que, aunque hasta hace poco el problema planteado tenía solución razonable, conforme avanza la descomposición del sistema capitalista internacional —y, particularmente, la debacle del Régimen Cocotero, más cagado ya que el palo de un gallinero—, la solución se endurece, se enrevesa y deviene mucho más dolorosa. Y los políticos, que son una banda de sinvergüenzas y cortos como la pichilla de un canario, no pueden ni proponerse siquiera intervenir: desde su incompetencia absoluta, y su obediencia ciega a las órdenes de Botín y sus secuaces, se han circunscrito a la tarea de irnos esquilmando con los impuestos  (el primero de julio inauguramos el nuevo IVA del 18%, que va a escocernos como unas purgaciones culeras) mientras el Estado crecía, gigantesco en gasto y menudo en prestaciones, sin mover un dedo contra las maniobras financieras. De hecho, el remedio existirá siempre, pero resultará cada vez más regresivo.

A estas alturas, ya sólo puede ser el que describimos a continuación; e implementarlo será más desagradable que meterse un cubata de aguarrás:

—En primer lugar, deben cerrarse de inmediato las fronteras a los movimientos de capitales. Donde le pille al dinero, ahí se queda (en lo que va de año, más de 50 mil millones de euros han salido de los bancos hacia el extranjero). E impedir las fugas de caudales pegándole un cerrojazo a todo el capital, que es nuestro supuesto ahorro. No podrá sacarse de los bancos. En ese corralazo absoluto, el dinero se pagará al interés oficial, pero se quedará quieto parado como garantía del Estado Español ante el mundo.

—En segundo lugar, procede la nacionalización integral de la Banca y de todas las empresas estratégicas: energía —electricidad(3), gas y petróleo—, agua potable, construcción de obras públicas y vivienda, producción automovilística y maquinaria pesada. Muchos piensan que la banca, por ejemplo, es demasiado grande para ser nacionalizada(2): todos los bancos del Ibex 35 cuestan ahora mismo en Bolsa unos 90 millardos. Pero, tras la corrala, con unos buenos rumores sobre nacionalización, bajarán a la mitad de su valor en unos días. Y el Estado los comprará a cambio de asientos contables encorralados.

—En tercer lugar, habrá que aprobar una reforma de la Ley Hipotecaria: nadie, caso de no poder hacer frente a los pagos, podrá perder nada más que el bien hipotecado. Todo deudor acogotado económicamente podrá devolver su piso o quedarse en él en alquiler, por una fracción de su cuota hipotecaria, con derecho a recompra antes de diez años.

—En cuarto lugar, se hará una recogida de todo el oro nacional y la emisión de una nueva moneda respaldada por éste. La acumulación de oro en lingotes será constitutiva de delito de estafa al Estado. Esta medida le dará valor al dinero circulante y permitirá que merezca la pena trabajar y vender bienes y servicios, y no como lo que ya está a punto de suceder ahora. Sin esta medida, pronto nadie vendería, a cambio de una moneda devaluada, ni una cesta de huevos.

Con todo el dinero bloqueado, excepto la parte necesaria para intercambiar bienes y servicios y financiar los créditos para la producción, mantener y restaurar el empleo: abordar inmediatamente la creación de una red integral de transporte por autopistas —todos los peajes serán anulados en el acto— y red ferroviaria de alta velocidad —cueste lo que cueste— para dar trabajo a las constructoras estatales, puestas a disposición de la sociedad como servicio público, durante los próximos diez años; desaparición absoluta de negocios especulativos: Todas las redes españolas de alimentación y de producción de bienes básicos deben ser cooperativas, incluida la de la vivienda.

—Y, finalmente, hay que prohibir todos los partidos políticos que no asuman unas reglas democráticas claras para la elección de candidatos. Se acabó que se comporten como bandas de mafiosos y que vivan ganduleando a nuestra costa, como hasta ahora, más felices que los gatos del pescadero.

Si no ponemos en marcha toda esta serie de medidas —durísimas, sí— de inmediato, la crisis nos obligará a otras peores. Si, cabezones como remaches de buque, esperamos sin hacer nada en manos de esta gentuza; si seguimos yendo a votarlos en las elecciones generales, autonómicas y europeas, nos veremos abocados a la solución alternativa que prepara EEUU para su propio problema (que es, ni más ni menos, la desaparición de su moneda como divisa internacional). Los analistas hablan de un retroceso a segundo nivel económico de los hasta ahora líderes del Imperio. Creo que andan más despistados que girasoles en un eclipse, porque olvidan que EEUU tiene el mayor armamento nuclear del mundo al servicio de la peor y más fraudulenta clase financiera internacional. Llegado el momento, el gigantón utilizará el garrote, la ley del más fuerte; esto es, organizará una tremenda guerra mundial siguiendo la máxima de “vale más una buena dieta que diez recetas”. Nos veremos abocados así, digo, a participar con nuestros soldados profesionales, y quizá con alguna leva, en una guerra mundial que exterminará varios cientos de millones de seres humanos. Es a lo que nos llevarán las clases financieras internacionales para encubrir su gran fraude, si no tomamos antes, ahora mismo, ya, medidas contra ellos —medidas de sus cuellos para ajustarles las sogas de cáñamo, quiero decir—. Estos miserables mangantes tienen que palmar, pisar la cárcel de forma masiva, junto con sus subalternos, los políticos. Es hora de pedir responsabilidades; es hora de sacar las horcas a las plazas públicas. Es hora de  arriesgarse a mear contra el viento con la polla bien tiesa.

MALDITO HIJO DE PERRA

http://acratasnew.blogspot.com/2010/06/mear-empalmado-contra-el-viento.html#more

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SI TE DICEN QUE CAÍ

noviembre 11, 2010
Por ALFREDO LIÑAN CORROCHANO 26/10/10
Soy de la generación mostrenca que ni ganó ni perdió la guerra, pero la padeció desde la más tierna infancia. Su sombra pringosa nos ha acompañado toda la vida, desde que -no recuerdo si antes o después del ‘parte’- y tras las notas del Himno Nacional, el Oriamendi y el Cara al Sol, escuchábamos aquello de «gloriosos caídos por Dios y por España, presentes. Viva Franco. Arriba España» un día tras otro; hasta que, ya echando bozo en el bigote, comenzamos a preguntarnos si sólo había caídos en un bando.
Pasaron los años, vivimos esperanzados la transición e iniciamos con más inocencia e ilusión que conocimiento nuestra historia en democracia; hasta que una vez más la realidad nos golpeó implacable y volvimos a encontrarnos con la España cerril que ingenuamente habíamos creído superada, la que sólo reconoce a sus muertos, a los de su lado, negando a los otros. Pasamos del ‘gloriosos caídos’ a la ‘memoria histórica’ y era la misma España, rencorosa, irreconciliable, hemipléjica -aunque moleste- la España que nunca debió ser, la que no es posible aceptar, ni reconocer, ni disculpar, ni comprender, ni respetar. Otra vez las dos Españas.
Tengo un profundo respeto a los muertos de la guerra, a todos, y no porque fueran buenos o malos -que habría santos y canallas- ni por la costumbre española de ensalzar a los que ya no están, sino porque fueron injustamente asesinados. Los de Badajoz y los de Paracuellos. Los abrasados en la iglesia de Almendralejo y los fusilados en la tapias del cementerio de Mérida. El mismo respeto a todos, el mismo homenaje. Y también respeto a los que cayeron en el frente, en ambos frentes, porque unos murieron defendiendo lo que creían justo y otros, quizá los más, porque fueron arrastrados por la suerte a las trincheras de un bando u otro y murieron sin saber muy bien por qué luchaban, ni qué pintaban allí. Y no merecían morir, ni unos ni otros.
Tengo un profundo desprecio a los asesinos, a todos. A los que vestían mono y a los que lucían camisa azul. Porque con mono, camisa o gorro cuartelero representan lo peor de una guerra ya de por sí de malos contra malos, que aún sin vivirla, sin ganarla, sin perderla, ha marcado a mi generación con el estigma de Caín.
Y tengo la esperanza, o quisiera tenerla, de no haber transmitido a mis hijos, o no estar transmitiendo ahora, ese maldito estigma que nos ha hecho pasarnos la vida mirándonos de reojo, en estado de permanente sospecha y nos ha llevado a no poder comentar estos temas con libertad de juicio sin ser acusados de no sé cuantas disparates, por unos o por otros. Porque seguimos rezumando el maniqueísmo suicida en el que fuimos educados.
Y siento un agobiante desasosiego y un hastío infinito al tener que volver sobre esto. Cambio y corto. Definitivamente.

http://www.hoy.es/prensa/20101026/opinion/dicen-20101026.html