EL SUEÑO DE LOS DEMÓCRATAS Editorial de “cafè amb llet”

“Hemos de estar preparados para unirnos con el demócrata que piensa diferente a nosotros y preparados para rechazar al parásito que se esconde detrás de nuestras ideas”

 

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El sueño de los demócratas

26/11/2009 | Categorías: Portada

Reinterpretación necesaria de las palabras de Martin Luther King Jr..

Haciendo uso del magnífico derecho de libertad de expresión que tanto ha costado ganar, me dirijo a mis conciudadanos para hablar de nuestra sociedad.
Hace treinta años este país hizo un cambio inmenso. Este nuestro país dejó atrás largos años de oscuridad, tiranía e injusticia para entrar en una democracia que aportó valores enormes y libertades hasta entonces imposibles. Hace treinta años, con la llegada de la democracia, una generación entera sintió la esperanza y la confianza en un futuro mejor. Llegó como un amanecer de alegría después de una larga noche de cautiverio.
Pero treinta años después constatamos con tristeza y preocupación que aquella bocanada de aire fresco se ha enrracedido. Treinta años después vemos como la democracia que nos trajo justicia y libertades ha caído en un descrédito inmenso. Treinta años después vemos con asco que una pequeña parte de la sociedad se ha aprovechado de la democracia de nuestros padres para cometer las mismas injusticias que mancharon los largos años de dictadura y represión.

Por eso hoy, es momento de afrontar esta situación dolorosa. Detrás de la palabra democracia viven palabras como igualdad, justicia y transparencia. Los que hace treinta años nos ilusionamos por la llegada de la democracia y los que hoy vemos como se tambalea, tenemos el derecho y la obligación de reclamar que las garantías democráticas se vuelvan a cumplir.
Hoy es obvio que la democracia de nuestros padres se ha ido alejando de los valores que los demócratas defendemos. Nuestros políticos, representantes del pueblo soberano, en vez de luchar para ampliar el imperio de la igualdad, la justicia y la transparencia han montado un sistema corrupto, ineficaz y muy poco transparente. Pero los ciudadanos que creemos en la democracia y sus valores nos negamos a creer que es la democracia la que ha fallado. Lo que ha fallado son las personas que la sombra de la democracia han hecho lo mismo que hacían los dictadores que treinta años nuestros padres echaron. Hoy, pues, los demócratas debemos reclamar que nos sea devuelta nuestra democracia, la democracia de la igualdad, la justicia y la transparencia.
Hoy los demócratas tenemos que dejar claro que nuestras reinvindicaciones son urgentes. No es tiempo de enfriar, tranquilizar y dejar pasar el tiempo hasta que escampe. Ahora es el momento de dar un paso más como lo que hicieron nuestros padres hace treinta años y hacer que la democracia recobre su prestigio. Ahora es el momento de dar un nuevo aire a la democracia y protegerla de aquellos que se aprovechan de ella y los que dicen que no funciona. Repetimos: lo que no funciona no es la democracia sino los que se aprovechan de ella.

Sería terrible que nuestro país no viera la urgencia de este cambio. Esta etapa de enfermedad en la que vemos como la democracia se le ha enganchado un parásito debe tener un final. Por eso, hoy, en días de profundo desánimo ante la acción de los que dicen que son nuestros representados, hemos de declarar el principio de un nuevo tiempo, de una democracia renovada. Si todo quedara en un clamor popular más, en una queja más, el futuro nos deparará sorpresas muy desagradables. Países más ricos, más grandes y con más educación que el nuestro han quedado sepultados por la corrupción y la injusticia y hoy, sus ciudadanos no tienen hospitales a los que llevar a sus hijos ni escuelas donde educarlos ni esperanza que ofrecer.

Si ahora no somos capaces de salvar la democracia que dio tanta esperanza hace treinta años, la que acoge las ideas de justicia, igualdad ante la ley y transparencia, nos estaremos condenando como sociedad y estamos condenando el futuro de nuestros hijos. Si no defendemos nuestra democracia ahora, aparecerán los populistas, los salvapatrias y los iluminados y nos dirán: “¿Veis? Su democracia no funciona “y miles de personas heridas por la injusticia seguirán estos falsos profetas que nos llevarían de inmediato a la oscuridad que ya dejamos atrás hace treinta años. Debemos actuar rápidamente para separar de la democracia a aquellos que se están aprovechando de ella.

Pero hay algo que debemos tener bien clara los que todavía creemos en la democracia: sólo podremos salvarla si no caemos en los múltiples trampas que nos esperan. Debemos estar preparados a unirnos al demócrata que piensa diferente que nosotros y debemos estar preparados para rechazar al parásito que se esconde bajo nuestras ideas. No debemos permitir que las viejas categorías nos desvíen del verdadero objetivo que es conseguir una democracia más fresca y fuerte. Una vez lo hayamos conseguido sí que podremos, sobre esta base, discutir nuestras ideas. Mirad a vuestro lado: encontraréis votantes de todas las siglas políticas dispuestos a dar un paso más. La belleza de nuestra demanda radica en que está por encima de las ideas y se sitúa en el plano de la Justicia. Sólo podremos discutir los caminos del futuro sobre una democracia sana y transparente.

Hay algunos que ante las demandas de ‘más democracia’ preguntan “¿Cuándo estaréis satisfechos?” Nunca estaremos satisfechos mientras ayuntamientos como el de Lloret tarden un año en responder a las preguntas de un grupo político opositor. Nunca estaremos satisfechos mientras los ciudadanos no puedan decidir donde se gastan cada uno de los euros que son suyos. Nunca estaremos satisfechos mientras en Blanes, un alcalde como Josep Trias, llame a la policía para echar del pleno a un ciudadano que le pide explicaciones. Nunca estaremos satisfechos mientras los políticos no se rindan al escrutinio constante de los ciudadanos. No, no estamos satisfechos de la absoluta falta de transparencia en todas y cada una de las administraciones que trabajan con nuestro dinero y que cada día ensucian más el nombre de la democracia.

Muchos de los que leen estas líneas tienen problemas para pagar el alquiler o la hipoteca. Muchos ven como la ropa de sus hijos se rompe y no tienen dinero para comprar nueva. Muchos tienen empresas pequeñas sobre las que cae todo el rigor impositivo mientras ven como sus representados desvían ese dinero en los bolsillos de sus amigos. Ciertamente es un panorama desolador y desalentador. Pero justamente en momentos así, cuando la injusticia es tanta, es necesaria la acción de los oprimidos por la desigualdad y la falta de respeto institucional.

A partir de hoy, las personas que creemos en la democracia debemos empezar una batalla que, aunque parece perdida, muchos soñamos que aún se puede ganar. Un sueño profundamente arraigado en valores que hace treinta años iluminaron a nuestros padres y que los sacaron de la oscuridad y la opresión. Un sueño que aún está vivo.

Los demócratas soñamos que un día nuestro país se regirá por los principios básicos del gobierno del pueblo: la justicia, la igualdad de oportunidades y la transparencia.

Los demócratas sueñan que los partidos políticos serán herramientas construidas por todos y que dejen de ser aparatos de chupar poder. Partidos donde todos puedan participar y que todos, incluso los de dentro, puedan criticar.

Los demócratas soñamos que los ayuntamientos, donde hoy reina una impunidad casi absoluta, donde se hacen todo tipo de cosas para eludir la ley, donde los amigos de los gobernantes tienen la vida asegurada, sean lugares donde el interés ciudadano sea la máxima preocupación y que verdaderamente sean ‘ la casa del pueblo ‘.

Los demócratas soñamos con un sistema donde un alcalde no pueda ir a trabajar a la principal constructora del pueblo 4 días después de dejar el cargo.

Los demócratas sueñan con un país donde los dos principales partidos políticos no se cubran los trapos sucios como hacen ahora, demostrando la desvergüenza más absoluta.

Los demócratas soñamos con un país donde el Síndico de Cuentas haga un informe de irregularidades y los políticos las investiguen en lugar de guardarlas en un cajón.

Los demócratas soñamos con un país donde los medios de comunicación no sean correas de transmisión de los intereses de los políticos y que la publicidad institucional de ayuntamientos, Diputaciones y Generalitat sea una manera de premiar a los que callan ante sus manipulaciones.

Los demócratas soñamos que los políticos respeten las reglas del juego de la misma manera que las respetan los ciudadanos.

Los demócratas soñamos con un sistema judicial que no haga distinciones entre pobres y ricos y entre políticos y pueblo, tal y como ocurre ahora, donde los políticos son juzgados por amigos, los ricos eluden la prisión y los delitos de todos prescriben. Soñamos con un país donde los políticos no enarbolen la ‘presunción de inocencia’ como herramienta de retrasar los juicios para finalmente basar su defensa en la ‘prescripción de los delitos’

Los demócratas sueñan con que los políticos no utilicen la ley como escudo de actividades que pueden no ser ilegales pero son manifiestamente inmorales.

Los demócratas, los verdaderos demócratas, soñamos con un día en que todos, independientemente de nuestras ideas, nos alegremos porque han pillado un político robando. Soñamos con que la defensa del ladrón no sea, como descaradamente hacen hoy todos los partidos “Tú robas más”.

Los demócratas soñamos que un día, en un ayuntamiento de Valencia, Madrid o Barcelona, políticos del PP y el PSOE, o de cualquier otro partido, se unan para denunciar a otro por sus malas acciones, independientemente del partido al que pertenezca el ladrón .

Con esos sueños que tenemos que hacer realidad, los demócratas de verdad nos levantaremos a partir de hoy con la convicción de que se acerca el momento en que los ciudadanos dispondrán de lo que es suyo. Con la convicción de que en nuestro país tiene sentido invertir en nuevas ideas, tiene sentido formarse para ser mejor persona y mejor profesional. Un país donde las personas con ideas y ganas puedan llevar a cabo sus sueños sin tener que ‘pasar por el tubo’ de una administración corrupta donde cuentan más los amiguismos que los méritos.

Con estos sueños a punto de convertirse en realidad, los demócratas tenemos que sobreponernos al terrible espectáculo de degradación política, económica y social a la que nos aboca el sistema actual. Con este sueño tenemos que ponernos en marcha. Durante los últimos diez mil años de historia no ha habido otra manera de avanzar que trabajando por los sueños. Ahora, los hijos de los que hace treinta años soñaron con la democracia hemos limpiar este sueño y hacerla más grande y luminosa.

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