Archive for 27 agosto 2009

MANUEL AZAÑA. Por que se perdió la Guerra Civil

agosto 27, 2009

“Por rechazo de la insurrección militar, hallándose el Gobierno sin medios coactivos, se produce un levantamiento proletario que no se dirige contra el Gobierno mismo.

Ahora bien, una revolución necesita apoderarse del mando, instalarse en el Gobierno, dirigir el país según sus miras. No lo han hecho. ¿Por qué? ¿Falta de fuerza, de plan político, de hombres con autoridad? ¿Presentimiento de que un golpe de mano sobre el poder, aún victorioso, derrumbaría la resistencia, nos pondría enfrente de todo el mundo y se perdería la guerra? ¿O el cálculo de crear clandestinamente, por abuso de fuerza, sin responsabilidad y bajo la cobertura de Gobiernos inermes, situaciones de hecho, para mantenerlas después e imponerse al Estado cuando quiera salir de su letargo?

De todo habrá. La obra revolucionaria comenzó con un Gobierno republicano que no quería ni podía patrocinarla. Los excesos comenzaron a salir a la luz ante los ojos estupefactos de los ministros.

Recíprocamente al propósito de la revolución, el del Gobierno no podía ser más que adoptarla o reprimirla. Menos aún que adoptarla podía reprimirla.

Es dudoso que contara con fuerzas para ello. Seguro estoy de que las tenía, su ejemplo habría encendido otra guerra civil. Cundía y se tomaba en serio la amenaza de abandonar el frente.

¿Cómo se llama una situación causada por un alzamiento que empieza y no acaba, que infringe todas las leyes y no derriba al Gobierno para sustituirle a él, coronada por un Gobierno que aborrece y condena los acontecimientos y no puede reprimirlos ni impedirlos? Se llama indisciplina, anarquía, desorden.

El orden antiguo pudo ser reemplazado por otro revolucionario. No lo fue. Así no hubo más que impotencia y barullo.”

Manuel Azaña. La velada de Benicarló

Extraido de la Historia de Catalunya de El Periódico.

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SUSPENSO EN ECONOMÍA I La Vanguardia

agosto 25, 2009

Editorial de La Vanguardia  23/08/09

 

El inicio del curso se presenta duro y difícil para la economía y el empleo. Es la gran asignatura pendiente que arrastra el presidente Zapatero . Países como Francia, Alemania y Japón han salido ya de la recesión. Pero ese escenario no se vislumbra aún para España. Aquí el peso de la crisis del sector inmobiliario lastra el conjunto de la actividad. Y la política del Gobierno fracasa, hasta ahora, en el impulso de la recuperación.

El presidente no sólo no fue capaz de anticipar la crisis, sino que se equivocó también al valorar la intensidad de esta y, por tanto, también en la adopción de sus primeras medidas para combatirla. Baste citar, por ejemplo, el retorno fiscal de 400 euros a cada contribuyente. Apenas tuvo impacto en el aumento del consumo y comportó un gasto presupuestario enorme. Pero el Gobierno se equivocó fundamentalmente, al inicio de la crisis, en dejar al sector de la construcción en caída libre, sin ninguna medida de soporte, en la convicción de que sería bueno que se ajustase por si mismo y que pagase sus excesos. No valoró que la construcción estaba siendo el único motor que tiraba de la actividad y del empleo y que ello acabaría por hundir el conjunto de la economía. El coste final que ha tenido todo ello es muy superior al que habría tenido haber adoptado en su momento algunas de las medidas de ayuda que solicitó el sector.

Zapatero prometió en su día convocar la mesa nacional de la construcción para consensuar un plan que nunca llegó. En cambio, ha puesto en marcha la construcción de viviendas de protección oficial, cuando lo que sobran en este país son, precisamente , viviendas. En total, un millón que, en muchos casos, hubieran podido reconvertirse en pisos subsidiados. Tampoco ha impulsado un verdadero plan de rehabilitación ni ha incentivado fiscalmente las reformas de pisos, con lo que hubiera podido mantener la actividad del sector y recolocar a muchos de los actuales parados.

La decisión de apostar fuerte por la inversión pública, con un presupuesto millonario, fue muy acertada, en línea con las recomendaciones del G-20. Pero la Administración, tanto la central como la autonómica, ha sido incapaz de desarrollar los proyectos de obra pública necesarios. Hasta junio, la licitación oficial estaba cerca de un 50% por debajo de la del año pasado en las mismas fechas. Igualmente, España puede perder más de 3.000 millones de euros de ayudas de la Unión Europea por el mismo motivo, falta de proyectos. Un ejemplo de ineficacia de la Administración que hace que miles de millones de euros descanse en los bancos mientras hay más de cuatro millones de parados en el país. Lo único que ha funcionado ha sido el Fondo de Inversión Local para financiar pequeñas obras municipales.

SUSPENSO EN ECONOMIA II La Vanguardia

agosto 25, 2009

Editorial de La Vanguardia 23/08/09

 

Zapatero, de entrada, reaccionó bien para afrontar la crisis financiera internacional. Puso a disposición de los bancos y las cajas de este país una cantidad ingente de dinero para ayudarles a afrontar la falta de liquidez. Luego aprobó la constitución del Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria para facilitar la recapitalización de entidades y promover fusiones para hacer más eficiente el sector. El error fue no exigir contrapartidas a bancos y cajas para que abrieran el grifo del crédito a la economía, al menos en unos porcentajes mínimos que evitasen la axfisia financiera que sufren familias y empresas sobre todo las pequeñas y medianas, que son las más débiles. En otros países, el cerrojazo crediticio no ha sido tan intenso. Francia ha creado la figura del mediador del crédito para que ninguna empresa solvente vaya a la quiebra por falta de financiación. Aquí, la alternativa del ICO resultó un fiasco, hasta el punto que el Gobierno ha tenido que cambiar hace poco a su presidente.

Zapatero ha fracasado también en el impulso del pacto social. Y ha sido así porque, desde el inicio de las negociaciones, tomó partido por uno de los actores, los sindicatos. Con ello ha imposibilitado cualquier acuerdo que tuviera en cuenta las propuestas de la patronal. Se equivoca si piensa que con esta estrategia evitará las protestas sociales ya que los sindicatos se verán arrastrados por sus bases para realizarlas si se sigue destruyendo empleo o cuando no haya más remedio que cortar el gasto público para ajustar el déficit.

Pero Zapatero ha ido más lejos; ha sido el único presidente de Gobierno de los países de referencia que en plena crisis se ha enfrentado con los empresarios, que son los principales creadores de riqueza y de empleo. El choque con la patronal no sólo es un error estratégico, sino también una grave irresponsabilidad, en la medida que desmoraliza a las filas empresariales, ya de por sí duramente castigadas por la crisis.

La gran paradoja es que las propuestas de la patronal que Zapatero rechaza de plano son las mismas que se aconsejan para España desde todos los organismos  económicos internacionales. La reforma laboral, con un nuevo contrato que propicie el empleo estable, una mayor flexibilidad en la negociación colectiva, la lucha contra el absentismo laboral, la rebaja de las cotizaciones sociales y una fiscalidad empresarial más favorable son medidas imprescindibles para que las empresas puedan recuperar su competitividad. Si el marco laboral y fiscal de las empresas españolas no se iguala al de los países europeos, la competencia es imposible. Y ello significa más crisis, más deslocalizaciones y más paro.

Por si fuera poco, al Gobierno, ahora, se le ha ocurrido subir los impuestos a los más ricos para recaudar más. Es otro grave error. Esta medida tiene más del populismo al que nos tiene acostumbrados Zapatero que de eficacia practica. En primer lugar, porque es improbable que la recaudación vaya a aumentar de manera significativa. Y en segundo lugar, porque eleva hasta niveles peligrosos el clima de desconfianza económica, que es negativo para la inversión y el empleo.

Zapatero se ha equivocado también al no haber puesto en marcha todavía ninguna reforma estructural de calado, con lo que es imposible avanzar hacia el nuevo modelo productivo que el país necesita.

La gestión económica global del presidente Zapatero, por todo lo dicho, cabe calificarla con un suspenso. Tiene todavía tiempo para rectificar, sacar a España de la crisis y conducirla nuevamente hacia un horizonte de progreso. Pero necesita rodearse de un equipo de primeros espadas y hacerles caso con el coraje político que sea necesario. La economía, en contra de lo que le dijeron un día, no se aprende en dos tardes.

Hay que insistir, sin embargo, en que las soluciones que exige la economía española son demasiado complejas y difíciles para que puedan afrontarse sólo desde el Gobierno. Ello hace imprescindible un pacto de Estado entre todas las fuerzas políticas y sociales para sacar al país de la crisis y preparar la recuperación.