LA MAYOR TRAGEDIA DE LA HISTORIA DE ESPAÑA IVb

Dos nuevos estados

Como contraste, la República estuvo siempre dividida por enfrentamientos internos. Los primeros meses de guerra constituyeron una dura prueba para el gobierno central, que trataba a duras penas de mantenerse frente a la doble disolución territorial y política. La exigencia anarquista de someter a votación previa cualquier acción bélica era un reto tan grave a la autoridad establecida como, por ejemplo, la decisión catalana de asumir el control de los funcionarios de aduanas en el territorio de la Generalitat. Ciertamente que Catalunya aprovechó la casi desaparición del Estado para ampliar notablemente su antiguo Estatuto de Autonomía y que los vascos progresaron hacia la consecución de una autonomía similar en su ya muy reducido Euzkadi. Comunistas y anarquistas disputaron, a veces con las armas, la naturaleza del sistema económico más apropiado para alcanzar la victoria, mientras los funcionarios del gobierno se limitaban a observar horrorizados la marcha de los acontecimientos.

Más tarde, la decisión de los comunistas de infiltrase en el aparato estatal, en buena medida con el consentimiento socialista, proporcionó a anarquistas, viejos liberales y, por fin, socialistas de izquierda una justificación compartida de protesta, para llegar, en dos ocasiones, a la guerra civil dentro de la guerra civil.

Por otra parte, las relaciones entre las autoridades civiles y militares estuvieron llenas siempre de ambigüedades en el campo republicano. El último dirigente de la República, el doctor Negrín, era un socialista moderado y, como Franco, politicamente poco significativo antes de estallar la guerra, aunque muy conocido profesionalmente.

Fisiólogo cosmopolita, humano y de amplia cultura. Negrín nunca consiguió, sin embargo, imponerse en su bando de forma tan completa e impersonal como lo hizo Franco en el suyo. Supo utilizar a los comunistas para combatir el escepticismo en las filas republicanas, pero no consiguió mantener alta la moral de victoria. Sus predecesores, Francisco Giral, miembro de Izquierda Republicana y amigo de Azaña, y Francisco Largo Caballero, estuquista socialista, ya de edad avanzada, estaban ambos desacreditados para entonces; además era de dominio público el desprecio de Largo Caballero por cuanto se estaba haciendo en nombre de la República, y contaba con el apoyo de la mitad aproximada de los lideres socialistas de 1936. Los anarquistas, después de seis meses en el gobierno mostraban también su abierta oposición.

 

Introducción a la Guerra Civil Española.- Hugh Thomas Profesor de la Real Academia de Sandhurst y de la Universidad de Reading. Ediciones Urbión S.A. Libro I Tomo 1

Madrid-Londres 1980

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