LA MAYOR TRAGEDIA DE LA HISTORIA DE ESPAÑA III

Dos Españas irrenconciliables

 

El abanico de soluciones se presentaba desmesuradamente amplio, y se comprende que no todas cupiesen en la democracia liberal de 1931-1936, conducida por hombres, que, en general, no tenían experiencia previa del poder político, y a los que, para colmo, les había tocado dirigir el país en un momento en el que la crisis económica mundial provocaba un endurecimiento de las condiciones de vida para la gran mayoría de la población respecto a la década de los veinte.

Además de lo dicho  anteriormente, se produjeron dos fenómenos que contribuyeron de forma decisiva al estallido de la guerra: por una parte, la serie sin interrupción de crisis, que complicaban los problemas cada vez más, y por otra, la creciente agitación de grupos políticos, -sobre todo juveniles- que al principio tuvo fundamentalmente un carácter defensivo.

Mil novecientos veintitrés contemplo el derrumbamiento de la monarquía constitucional de Alfonso XIII y el primer intento en tiempos modernos de establecer una dictadura militar, bajo el mandato del general Primo de Rivera. Mil novecientos treinta contempló la dimisión de Primo de Rivera y un intento torpe del Rey de introducir cierta dosis de democracia desde arriba -intento que contrasta notablemente con lo hecho por su nieto Juan Carlos entre 1975 y 1977-. Fue un fracaso, y en menos de un año llegó la República. Asimismo, en 1932 no tuvo éxito un intento de restauración monárquica patrocinado por militares.

En 1934, con un gobierno de derechas, o de centro-derechas, en el poder, se malogró una revolución socialista y comunista en Asturias y el establecimiento de un estado federal en Barcelona. Todo ello contribuyó a envenenar de un modo casi total el ambiente político. En 1936, cuando el poder residía en un gobierno de izquierdas, o de centro-izquierdas, fue montada una repetición sólo iniciado en1932. Esta vez, con los conjurados mejor preparados y con una considerable ayuda de jóvenes vestidos de uniforme, carlista o fascista, armados y medianamente entrenados. El fracaso en media España de este pronunciamiento provocó la guerra civil. Para entonces, los ánimos se encontraban tan caldeados que ni un gobierno de centro ni el bienintencionado esfuerzo de hombres equilibrados podía resultar ya efectivo, aunque había hombres así.

Los dirigentes derechistas estaban convencidos de que una revolución de dimensiones semejantes a la rusa amenazaba sus tierras, su religión, su milenaria historia, y vieron la oportunidad de aprovechar la confusión para conseguir su revolución regeneracionista. Como contraste, los líderes de izquierda temían al fascismo, pero creyeron, de forma semejante, que se les presentaba la oportunidad de introducir su propio mundo nuevo.

 

Introducción a la Guerra Civil Española.- Hugh Thomas Profesor de la Real Academia de Sandhurst y de la Universidad de Reading. Ediciones Urbión S.A. Libro I Tomo 1

Madrid-Londres 1980

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