Archive for 25 abril 2009

COLAPSO … ¿CIENCIA FICCIÓN?

abril 25, 2009

Continuación del escrito del 17/09/08 COLAPSO …¿CIENCIA FICCIÓN?

El problema comenzó a surgir cuando los países que tenían depósitos en el sistema financiero norteamericano, comenzaron a retirar el dinero que había servido para financiar el propio sistema.

El propio Gobierno de los EEUU, ordenó a la Reserva Federal que comprara los valores, letras de tesorería y bonos, ya que si no los compraban ellos el colapso financiero que se esperaba sería total.

El gran problema es que para comprar necesitaron inundar el mercado con dinero que no surgía de impuestos ni de préstamos, era dinero nuevo sin ningún respaldo. Había la esperanza de que una vez pasado el shock inicial, todo volvería a su cauce, los inversores extranjeros, volverían a invertir y que se podría recuperar la economía. Pero no fue así.

De alguna manera las masas de los EEUU estaban tomando de una forma gradual y colectiva, una decisión: en el mundo había muchas dificultades; los extranjeros perdían la fe en los EEUU y se alejaban. Ellos también querían llevarse su dinero. Sacarlo de las acciones, de los bonos de las cajas de ahorro y de las asociaciones de préstamo, sacarlo de los bancos. Y en efectivo.

¿Que podía ocurrir si un 1% de todos los activos, se vendían, se negociaba, se cambiaba por dinero, en un día? El caos. Se aguantó ese día, debido a la previsión del gobierno.

El presidente de EEUU, explicó que el pánico no se justificaba de ninguna manera, que el sistema bancario norteamericano había probado más allá de toda duda que estaba preparado para enfrentar cualquier eventualidad, y que era hora de que el pueblo norteamericano recuperara la cordura… Pero todavía quedaba un 99% de activos y nadie ni el gobierno, ni ningún banco sabía lo que podría pasar al día siguiente.

Ocurrió que durante ese día la cantidad de dinero puesto, moneda nueva, en EEUU, se duplicó pero ningún Banco quebró. Y todos creían que no había motivos para no creer que  se invertiría la corriente. La gente se daría cuenta de que el sistema resistía. Pero no.

El efectivo, en enormes sumas, se convertía ahora en cosas tangibles: alimentos, ropas, zapatos, casas… El doble de la cantidad normal de circulante se lanzaba con furia sobre la misma cantidad de bienes existentes en el país antes de la locura. Pronto los precios dejaron de ser motivo de discusión. Se presentaba el clásico caso de la hiperinflación instantánea. Los Bancos no fueron los primeros que tuvieron que cerrar. Fueron los grandes comercios. Sus propietarios se dieron cuenta de algo que todos comenzaban a sospechar: el dólar carecía de todo valor. Era demente aceptar más. Sucedía lo mismo con el yen, el euro, …Las cantidades de estas monedas en circulación habían subido explosivamente como resultado de la hiperinflación del dólar. Luego, a medida que se extendía la “locura norteamericana” los gobiernos de todo el mundo se vieron obligados a inundar a sus paises con más dinero. Ahora ninguno tenía valor.

Los Bancos al día siguiente no abrieron. En realidad, la mayoría de ellos no abrió nunca más. Porque habían quebrado mucho antes de que sucediera todo esto; la crisis simplemente puso en evidencia esa verdad.

Resumen Paul E. Erdman. Colapso.

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LA MAYOR TRAGEDIA DE LA HISTORIA DE ESPAÑA V

abril 6, 2009

El ideal de todos los españoles es que llevasen en el bolsillo una carta foral con un solo artículo, redactado en estos términos breves, claros y contundentes:   

 “Este español está autorizado para hacer lo que le dé la gana”.

 ANGEL GANIVET.

 

 Consecuencias de una tragedia

                                                                                                                                                              Las consecuencias de la guerra fueron más complicadas de lo que a primera vista pudiera parecer. Cierto que el efecto inmediato es fácil de definir: el general Franco se estableció como jefe del gobierno y del Estado durante los treinta seis años que siguieron al fin de la contienda. En un principio, el régimen político de Franco estuvo influido por la propaganda y el estilo de sus aliados nazis y fascistas. Pero siempre mantuvo un Estado estrictamente ortodoxo, a pesar de sus propios propagandistas. Muy pronto también se empezó a dar mayor énfasis a elementos distintos de los fascistas en su coalición, en especial monárquicos. No era el deseo de Franco restaurar a los Borbones en vida, sino darse a sí mismo el estilo y poderes de un monarca absoluto, como querían los carlistas, mirando hacia la España de los tiempos de Fernando e Isabel. Este futuro desarrollo de los acontecimientos podía preverse ya durante la guerra civil misma. En Salamanca y Burgos, sus principales cuarteles generales, Franco parecía más absolutista y monárquico que fascista, cualesquiera que fuesen las expectativas y el obrar de sus seguidores. No obstante, el carácter posterior del régimen franquista no debe ser considerado como la consecuencia más importante de la tragedia (su desarrollo queda fuera del alcance de estas líneas). Lo fueron en mi opinión, la amargura y el odio duraderos, el aislamiento, el miedo y el recelo causados por la guerra. Y estos sentimientos existieron tanto entre los triunfadores como en los vencidos. La conciencia de fracaso nacional evidente en los acontecimientos de 1936 y la consiguiente búsqueda de chivos expiatorios: Azaña por la izquierda, Gil Robles por la derecha. La amargura y el miedo producido por ejecuciones y represalias, las cuales, además, continuaron durante muchos años después de terminada la guerra: se fusiló a Companys, presidente de Catalunya, en 1940, y la última persona ejecutada por sus actividades en la guerra civil l fue en 1962. Gran parte de la furia de 1936 era pura espontaneidad, y tal vez el gobierno encontrase dificultades en la tarea de poner fin al ambiente de persecución y auto de fe que reinaba en el verano de 1939 ( tan bien representado en la poco conocida novela de George Cochon La corrida de la Victoria). Pero en 1939 era el propio gobierno quien parecía poseído por un espíritu de venganza, y a su libertad de acción ninguna opinión internacional puso límite. Asimismo se da la ignorancia: nadie sabía con exactitud que había pasado respecto a tantas y tantas cosas ocurridas durante la guerra civil. ¿Cuál era la verdad acerca de la muerte del poeta García Lorca al principio de la guerra? ¿Y sobre la muerte del anarquista Durruti? ¿Quién mató al líder izquierdista Andrés Nin? ¿Quién destruyó realmente la ciudad vasca de Guernica? ¿Qué dijo Unamuno en su última aparición en público en Salamanca? ¿Hasta que punto los rusos ayudaron a la República y los alemanes a los nacionales? Y así sucesivamente. Detrás, y ocultos bajo estos problemas de envergadura nacional, quedaban innumerables incertidumbres y recelos personales: ¿Qué había pasado con fulano? ¿Había muerto realmente en el Ebro o estaba en Buenos Aires? ¿Cuántas personas vivían escondidas en el monte o en el desván de la casa de su cuñada? Pero, sobre todo, ¿cómo había podido pasar todo aquello? Durante muchos años, la nación padeció un sentimiento insoportable de pérdida. En aquella magistral película El espíritu de la colmena, el protagonista, desterrado en un pueblo castellano durante los años cuarenta, contempla en un álbum, encontrado casualmente, las fotos amarillentas de los felices veranos de antaño. ¿Por qué se acabaron?, ¿por qúe?, ¿por qué? No pensemos ni por un momento que la guerra civil afectó sólo a los que, debido a su edad, estuvieron personalmente involucrados en el combate, no olvidemos que cualquiera con diecisiete o más años en 1939 (nacidos en 1922 o antes) bien pudiera haber combatido. Pero los niños vieron marchar a sus padres a la guerra y escucharon cómo sus madres recibían la noticia de su muerte; a menudo vieron la muerte misma. Un niño de cuatro años podría no olvidarlo si escuchaba una discusión entre su padre y su tío acerca de si debían o no matar a un tercero; tal fue, por ejemplo, la experiencia de mi viejo amigo Carlos Zayas en Mallorca en 1936. Sin embargo, tal vez algún bien haya podido producir la experiencia al fin y al cabo, a pesar de las familias afligidas y divididas, de las esperanzas sepultadas, de la patria perdida. No lo bastante positivo, desde luego, para compensar el fiel de la balanza, pero sí para proporcionar un poco de luz en las tinieblas. Hubo, sin duda, momentos de heroísmo. Eso es evidente. Incluso de alegría. Recordemos que, afortunadamente, España se libró de la participación directa en la mayúscula hecatombe de la segunda guerra mundial -si bien muchos exiliados republicanos lucharon con la resistencia francesa y murieron en campos de concentración, en tanto que otros combatían contra los rusos en la División Azul-. La nación seguramente también aprendió una lección. A la muerte del general Franco se produjo algo como una voluntad de reconciliación nacional, sin duda inspirada en parte por la guerra civil y su recuerdo, o, mejor dicho, por una determinación de que nada parecido volviera a producirse de nuevo. Esperemos que tal sea, en efecto, el veredicto de la Historia sobre una tragedia sin igual en la historia de España. Esperemos también que la nueva edición de la obra, La Guerra Civil Española, ayude en el proceso de redescubrimiento de la identidad nacional a través de la incorporación de las lecciones del pasado reciente, lo cual es, sin duda, una de las funciones principales de la Historia.

 

 Introducción a la Guerra Civil Española.- Hugh Thomas Profesor de la Real Academia de Sandhurst y de la Universidad de Reading. Ediciones Urbión S.A. Libro I Tomo 1 Madrid-Londres 1980

LA MAYOR TRAGEDIA DE LA HISTORIA DE ESPAÑA IVb

abril 3, 2009

Dos nuevos estados

Como contraste, la República estuvo siempre dividida por enfrentamientos internos. Los primeros meses de guerra constituyeron una dura prueba para el gobierno central, que trataba a duras penas de mantenerse frente a la doble disolución territorial y política. La exigencia anarquista de someter a votación previa cualquier acción bélica era un reto tan grave a la autoridad establecida como, por ejemplo, la decisión catalana de asumir el control de los funcionarios de aduanas en el territorio de la Generalitat. Ciertamente que Catalunya aprovechó la casi desaparición del Estado para ampliar notablemente su antiguo Estatuto de Autonomía y que los vascos progresaron hacia la consecución de una autonomía similar en su ya muy reducido Euzkadi. Comunistas y anarquistas disputaron, a veces con las armas, la naturaleza del sistema económico más apropiado para alcanzar la victoria, mientras los funcionarios del gobierno se limitaban a observar horrorizados la marcha de los acontecimientos.

Más tarde, la decisión de los comunistas de infiltrase en el aparato estatal, en buena medida con el consentimiento socialista, proporcionó a anarquistas, viejos liberales y, por fin, socialistas de izquierda una justificación compartida de protesta, para llegar, en dos ocasiones, a la guerra civil dentro de la guerra civil.

Por otra parte, las relaciones entre las autoridades civiles y militares estuvieron llenas siempre de ambigüedades en el campo republicano. El último dirigente de la República, el doctor Negrín, era un socialista moderado y, como Franco, politicamente poco significativo antes de estallar la guerra, aunque muy conocido profesionalmente.

Fisiólogo cosmopolita, humano y de amplia cultura. Negrín nunca consiguió, sin embargo, imponerse en su bando de forma tan completa e impersonal como lo hizo Franco en el suyo. Supo utilizar a los comunistas para combatir el escepticismo en las filas republicanas, pero no consiguió mantener alta la moral de victoria. Sus predecesores, Francisco Giral, miembro de Izquierda Republicana y amigo de Azaña, y Francisco Largo Caballero, estuquista socialista, ya de edad avanzada, estaban ambos desacreditados para entonces; además era de dominio público el desprecio de Largo Caballero por cuanto se estaba haciendo en nombre de la República, y contaba con el apoyo de la mitad aproximada de los lideres socialistas de 1936. Los anarquistas, después de seis meses en el gobierno mostraban también su abierta oposición.

 

Introducción a la Guerra Civil Española.- Hugh Thomas Profesor de la Real Academia de Sandhurst y de la Universidad de Reading. Ediciones Urbión S.A. Libro I Tomo 1

Madrid-Londres 1980

LA MAYOR TRAGEDIA DE LA HISTORIA DE ESPAÑA IVa

abril 3, 2009

Dos nuevos Estados

Al final ganó la derecha, y, en mi opinión, fue debido a cuatro razones primordiales. Organizó su unidad política mejor que la izquierda. Recibió una ayuda exterior superior a la obtenida por sus rivales. En tercer lugar, ya que la guerra se planteó como una confrontación convencional entre dos ejercitos, el hecho de estar dirigida la derecha por los más destacados artífices militares de la victoria española en Marruecos representó un factor importante también. Finalmente, como toda guerra moderna, la civil fue un conflicto económico; una mejor administración de los recursos y unas ventajosas relaciones internacionales tuvieron que jugar, asimismo, un papel crucial.

Consideremos cada uno de estos factores por separado: el general Franco se sublevó en Las Palmas en julio, voló a Marruecos para confirmar la victoria rebelde y consiguió en los tres primeros meses de guerra no sólo el mando supremo del ejercito faccioso, sino también la jefatura de gobierno e incluso del Estado en lo que empezó a conocerse como (y así lo llamaremos en adelante) la Causa Nacional. Muchos de los que habían esperado conseguir con la guerra un régimen lisa y llanamente fascista, aceptaron, por convicción u oportunismo, ver a Franco como Caudillo, una versión española del Duce o del Führer, y, en consecuencia, construyeron una imagen adecuada mediante la propaganda. La gran masa de población civil que recibió con entusiasmo el alzamiento -la mayoría de clase media, aunque no todos lo eran- vio en Franco el salvador de la nación. Asimismo, los monárquicos, que esperaban una restauración, se tranquilizaron ante la falta de prisa que mostró Franco para decidir la futura forma del Estado y también por su conocida adhesión a Alfonso XII. Los políticos católicos, que a principios d los años treinta probaron suerte en el mar de la democracia, estaban encantados, en los último años de la década, de alcanzar el seguro puerto de la autocracia.

El ejercito respetaba a Franco como el valiente joven comandante, y siguió apoyándoles cuando el audaz oficial se transformó en un maduro jefe supremo prudente. Los escasos problemas políticos a que tuvo que hacer frente Franco en 1937, provocados por falangistas y carlistas, no fueron en realidad más que rizos en la superficie de un océano en calma. Durante la guerra civil, Franco estuvo rodeado de hombres tempestuosos: el belicoso Queipo, el excitable Millán Astray, el fanfarrón Varela, el contrarrevolucionario Yagüe, su apasionado cuñado Serrano Suñer, el falangista serio Hedilla, el nostálgico Fal Conde.

Por encima de todos ellos, Franco impuso su personalidad glacial. ¿Perdió la calma alguna vez? La mayor parte de la gente lo ha puesto en duda. Amparado por sus alianzas montó con éxito un Estado más simple y eficaz que aquel que no consiguió conquistar en el verano de 1936.

 

Introducción a la Guerra Civil Española.- Hugh Thomas Profesor de la Real Academia de Sandhurst y de la Universidad de Reading. Ediciones Urbión S.A. Libro I Tomo 1

Madrid-Londres 1980

LA MAYOR TRAGEDIA DE LA HISTORIA DE ESPAÑA III

abril 3, 2009

Dos Españas irrenconciliables

 

El abanico de soluciones se presentaba desmesuradamente amplio, y se comprende que no todas cupiesen en la democracia liberal de 1931-1936, conducida por hombres, que, en general, no tenían experiencia previa del poder político, y a los que, para colmo, les había tocado dirigir el país en un momento en el que la crisis económica mundial provocaba un endurecimiento de las condiciones de vida para la gran mayoría de la población respecto a la década de los veinte.

Además de lo dicho  anteriormente, se produjeron dos fenómenos que contribuyeron de forma decisiva al estallido de la guerra: por una parte, la serie sin interrupción de crisis, que complicaban los problemas cada vez más, y por otra, la creciente agitación de grupos políticos, -sobre todo juveniles- que al principio tuvo fundamentalmente un carácter defensivo.

Mil novecientos veintitrés contemplo el derrumbamiento de la monarquía constitucional de Alfonso XIII y el primer intento en tiempos modernos de establecer una dictadura militar, bajo el mandato del general Primo de Rivera. Mil novecientos treinta contempló la dimisión de Primo de Rivera y un intento torpe del Rey de introducir cierta dosis de democracia desde arriba -intento que contrasta notablemente con lo hecho por su nieto Juan Carlos entre 1975 y 1977-. Fue un fracaso, y en menos de un año llegó la República. Asimismo, en 1932 no tuvo éxito un intento de restauración monárquica patrocinado por militares.

En 1934, con un gobierno de derechas, o de centro-derechas, en el poder, se malogró una revolución socialista y comunista en Asturias y el establecimiento de un estado federal en Barcelona. Todo ello contribuyó a envenenar de un modo casi total el ambiente político. En 1936, cuando el poder residía en un gobierno de izquierdas, o de centro-izquierdas, fue montada una repetición sólo iniciado en1932. Esta vez, con los conjurados mejor preparados y con una considerable ayuda de jóvenes vestidos de uniforme, carlista o fascista, armados y medianamente entrenados. El fracaso en media España de este pronunciamiento provocó la guerra civil. Para entonces, los ánimos se encontraban tan caldeados que ni un gobierno de centro ni el bienintencionado esfuerzo de hombres equilibrados podía resultar ya efectivo, aunque había hombres así.

Los dirigentes derechistas estaban convencidos de que una revolución de dimensiones semejantes a la rusa amenazaba sus tierras, su religión, su milenaria historia, y vieron la oportunidad de aprovechar la confusión para conseguir su revolución regeneracionista. Como contraste, los líderes de izquierda temían al fascismo, pero creyeron, de forma semejante, que se les presentaba la oportunidad de introducir su propio mundo nuevo.

 

Introducción a la Guerra Civil Española.- Hugh Thomas Profesor de la Real Academia de Sandhurst y de la Universidad de Reading. Ediciones Urbión S.A. Libro I Tomo 1

Madrid-Londres 1980

LA MAYOR TRAGEDIA DE LA HISTORIA DE ESPAÑA IIb

abril 3, 2009

Causas de una guerra fraticida

 

Los distintos aspectos internacionales del fascismo y del comunismo rondaban al país, y aunque en España los partidos que apoyaban formalmente estas tendencias eran reducidos, los grandes partidos de masas se vieron influenciados por los temblores políticos que sacudían al resto de Europa. El movimiento católico juvenil y los carlistas, por ejemplo, utilizaban un vocabulario -si bien no tenían un programa- que en muchos casos se parecía al fascismo. Del mismo modo, la izquierda y el Partido Socialista parecían estar más influidos por Lenin que por Pablo Iglesias. Algunos se negarán a admitir estas afirmaciones. No obstante esa parecía ser la situación, y en los momentos muy tensos la apariencia de las cosas es a menudo tan importante como las cosas mismas.

La guerra que estalló en España en 1936 fue, ante todo, una guerra española, y no podemos eludir esa realidad. Debemos recordar que la cultura política de la España contemporánea, desde 1808, había, por decirlo de algún modo, predispuesto a aquellos que dirigían la nación a principios del siglo XX a admitir que las contiendas internas constituían un componente más de la actividad política: tres guerras civiles (además de las de independencia en la América hispana) e innumerables manifestaciones de fuerza caracterizaron la vida política española a lo largo del siglo XIX. Se daba una sustancial diferencia, sin embargo, entre el siglo XX y lo acaecido en el siglo anterior. No era sólo que, paradojicamente, la nueva tecnología hace más salvaje la guerra moderna. La desemejanza radicaba fundamentalmente en que, aun cuando España tardó mucho tiempo en recuperarse de la guerra de la Independencia (y las dos guerras carlistas fueron en buena parte consecuencia de ello), a principios del siglo XX el país estaba indudablemente en vías de restablecerse de su prolongada decadencia.

Esta circunstancia era evidente en todos los ordenes, desde el arte a la situación económica. La pérdida del imperio en 1898 había actuado como un repique de alarma que despertó a los más destacados intelectuales de la nación, y estos, a su vez, estaban poniendo en pie a las masas. La tragedia española de 1936 -hay que reiterarlo una vez y otra-, no fue un desastre que marcara el ocaso de España. Al contrario, ocurrió en un momento en que la nación estaba viva de un modo como había tenido lugar desde los días de Cervantes y Velázquez. Ese renacimiento no sólo fue interrumpido por la guerra civil, sino que, en gran medida, ésta fue una consecuencia de aquél.

 

Introducción a la Guerra Civil Española.- Hugh Thomas Profesor de la Real Academia de Sandhurst y de la Universidad de Reading. Ediciones Urbión S.A. Libro I Tomo 1

Madrid-Londres 1980

LA MAYOR TRAGEDIA DE LA HISTORIA DE ESPAÑA IIa

abril 3, 2009

Causas de una guerra fratricida

 

De acuerdo con algunas interpretaciones, la cuestión de porqué la guerra civil tuvo lugar, es históricamente, la de mayor interés. El tema puede parecer un tanto rebuscado, pero muchas veces los grandes médicos se preocupan más de las causas de las enfermedades que de sus detalles clínicos.

Además, cualquiera puede darse cuenta cuenta fácilmente de que, una vez empezada la lucha entre dos grupos armados, uno u otro tendrá que vencer. Una pregunta que permanece sin respuesta es porqué empezó la contienda: ¿por qué los enfrentamientos que dividieron España se convirtieron en una lucha armada? La mayor parte de los países tienen, de vez en cuando, serios enfrentamientos internos. Pero Francia no rozó una guerra civil por el caso Dreyfus, ni en Alemania la Kulturkapf determinó una conflagración. ¿Cómo pudo degenerar la situación en España hasta el extremo de llegar a la guerra civil? Debemos tener en cuenta ante todo que su estallido no se produjo como consecuencia de un conflicto internacional- el caso de la guerra civil rusa de 1918-21 y también de las distintas guerras civiles que caracterizaron en mayor o menor grado, a Yugoeslavia, Italia, Polonia y otros países europeos durante el curso de la segunda guerra mundial-: tuvo su origen en acontecimientos ocurridos en el interior de la misma España, sin que ninguna crisis internacional de envergadura les influyese.

Algunos argumentarán que , al presentar el tema así, tiendo a inclinarme de antemano hacia una dirección concreta. Argüirán, en igual medida desde la izquierda y la derecha, que la guerra civil nació de una conjura internacional, en la que los españoles no eran los principales interesados: España era necesaria a los nazis para obtener bases de submarinos con vistas a la guerra mundial; los rusos la necesitaban para reforzar lo conseguido con su propia revolución.

De aquí que hubiera acuerdos secretos entre carlistas y Mussolini, y entre Sanjurjo y los nazis; de ahí también el rumor de la llegada de Bela Kun a España; y también el interés de la masonería internacional en el Mediterráneo. Este razonamiento podría, sin duda, mantenerse. Pero, aunque el desarrollo de los acontecimientos internacionales influyó sin duda- incluso tal vez decisivamente- sobre el curso de la guerra, no creo que fuese su causa. Es más, a menudo he pensado que los que esgrimen ese argumento se han ocupado demasiado en buscar chivos expiatorios para lo que en realidad fue, sui generis, un proceso español. Por supuesto que la sombra de los problemas internacionales cayó sobre España en la década de los años treinta: los socialistas españoles (siempre cosmopolitas en sus análisis) se dieron cuenta de la facilidad con la que Hitler había tomado el poder en Berlín, sin que sus correligionarios alemanes  tratasen de pararle los pies. Entonces tomaron la decisión de que un hecho así no se repetiría en su propia tierra. De modo semejante, las derechas españolas se mostraban obsesionadas por el derrumbamiento de la vieja Rusia.

 

Introducción a la Guerra Civil Española.- Hugh Thomas Profesor de la Real Academia de Sandhurst y de la Universidad de Reading. Ediciones Urbión S.A. Libro I Tomo 1

Madrid-Londres 1980

LA MAYOR TRAGEDIA DE LA HISTORIA DE ESPAÑA I

abril 3, 2009

La guerra civil que tuvo lugar entre 1936 y 1939 ha sido, sin duda, la mayor tragedia de la historia de España. Toda Europa sintió sus efectos y también, aunque con menor intensidad, el continente americano de norte a sur. La nación española tuvo la fortuna de poder eludir las grandes guerras europeas de 1870 y 1914-1918, a pesar de haber estallado la primera de ellas con el pretexto de la disputa franco-prusiana al trono español, e influir la segunda tan impetuosamente en España como en otros países neutrales. Sin embargo, al desencadenarse en 1936 la guerra civil, España se destaca como centro de atención mundial, al mismo tiempo que los temas de intervencionismo y acontecer internacional llegan a ser preocupaciones primordiales de los españoles.

Si un hombre o una mujer corrientes, serios y sin prejuicios, pero poco informados sobre la guerra civil española, oyesen hablar de ella, probablemente se plantearían, en mi opinión, tres cuestiones fundamentales. En primer lugar, ¿cómo pudieron los problemas nacionales, por muy graves que fuesen, llegar a desencadenar un enfrentamiento armado? Segundo, ¿cómo consiguieron vencer los rebeldes en 1936″ Y, por último, ¿cuáles fueron las consecuencias?

Desde luego, puede muy bien argumentarse que no es posible encontrarse una persona así, normal, seria y sin prejuicios, o al menos, que, en este tema, una persona seria y sin prejuicios es cualquier cosa menos corriente, puesto que todo el mundo en España mantiene una u otra opinión sobre la guerra civil española, y normalmente bastante apasionada. No obstante, estoy convencido de que tal clase de gente, neutral sin ser irresponsable, sensible, existe en este momento y que su número aumentará en el futuro.

Creo también que personas así siempre las ha habido. Incluso en 1936, ¿no había españoles apolíticos, inseguros respecto de la postura a adoptar y que, sin cobardía o autoengaño, trataron de resistir y no ser arrollados por la fuerza del torbellino? Desde luego que los hubo. Esta obra no va a tratar fundamentalmente de las personas con esas características; sin embargo, confío en que se sientan recordadas en ella. Por supuesto, las preguntas que he apuntado como importantes también se las hicieron muchos de los que, desde el exterior, observaron con preocupación y tristeza la tragedia española. Porque eso fue, sobre todo tragedia, no lo olvidemos, a pesar de los momentos de heroísmo y elevación que también tuvieron lugar.

Introducción a la Guerra Civil Española.- Hugh Thomas Profesor de la Real Academia de Sandhurst y de la Universidad de Reading. Ediciones Urbión S.A. Libro I Tomo 1

Madrid-Londres 1980