Archive for 19 marzo 2009

LA LIBERTAD, EL REY, SUÁREZ Y TORCUATO

marzo 19, 2009

La liquidación legal del régimen franquista en menos de un año no habría sido posible sin el protagonismo de un político con unas dotes excepcionales para la magia leguleya: Torcuato Frnández-Miranda y Hevia (Gijón 1916-Londres 1980)

El se inventó a Adolfo Suárez y se lo sirvió en una terna para que lo eligiera el Consejo del Reino (“hay tréboles de cuatro hojas”, “estoy en condiciones de llevar al Rey lo que me ha pedido”, dijo aquel julio de 1976 en el que realmente se notó la verdadera muerte de Francisco Franco).

Fernández -Miranda, desde que el Rey lo nombró presidente de las Cortes aún franquistas, ideó un plan para derribar el sistema desde dentro del propio sistema. Se lo sabía todo. No en vano, el gran perdedor José María de Areilza lo definió así cuando se enteró de la fumata blanca de Suárez: “Es como un murciélago astur que duerme colgado de las vigas de las Cortes”.

Una pista de lo que pensaba hacer la dió Fernández-Miranda cuando tomó posesión como presidente de las Cortes, el 3 de diciembre de 1975: “Me siento total y absolutamente responsable de mi pasado: soy fiel a él, pero no me ata, porque el servicio a la patria y al Rey son una empresa de esperanza y futuro”

Este admirador de Ortega fue ministro del Movimiento y vicepresidente del Gobierno con Luis Carrero Blanco.

Y Torcuato dijo que no le ataba el pasado. Y no le ataba, porque de siempre se había prodigado en mil y un malabarismos dialécticos. He aquí alguna muestra: “Soy socialista sin llegar a ser marxista; liberal pero sin llegar al libre mercado; joseantoniano, pero sin ser falangista…”

O esta otra filigrana cuando juró como ministro del Movimiento sin la camisa azul de rigor: “Soy y quiero ser el ministro de todos los españoles, ese es el significado de que haya tomado posesión de mi cargo con camisa blanca. Pero cuando quiero demostrar mi origen, visto mi entrañable camisa azul”.

Fernández-Miranda fue quien acuñó celebres hallazgos semánticos tales como “pluriformismo” o “poliformismo”, “ofensiva institucional”, “socialismo integrador”, socialismo nacional” y, sobre todo lo de la “trampa saducea”. “Decir si o no a las asociaciones políticas es una trampa saducea”, explico en noviembre de 1972 a unas Cortes perplejas escuchando aquello de “si algo niego, lo hago porque lo que afirmo previamente me lleva a las negaciones circunstanciales que configuran y definen la afirmación que mantengo”.

El Rey, Fernández-Miranda y Suárez fueron el triángulo del cambio.  Antes del 15 de junio de 1977, Torcuato dimitió por su enfrentamiento con Suárez. En 1980 murió de infarto. Había vivido tres años con el título de duque.

A golpe de ley desarticuló el franquismo.

 

Desatado y bien desatado. El Periódico. 1985

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Buenos días tristeza, Leopoldo Calvo-Sotelo

marzo 1, 2009

Leopoldo Calvo- Sotelo y Bustelo (Madrid 14 de Abril de 1926-Pozuelo de Alarcón, Madrid 3 de Mayo de 2008).

Poco tiene uno que esforzarse para ser político en España si se llama Leopoldo Calvo-Sotelo. Y si, encima, uno se esfuerza, puede llegar hasta presidente del Gobierno.

Leopoldo Calvo-Sotelo es sobrino de ex ministro (José Calvo Sotelo, el denominado protomártir de la Cruzada); yerno de ex ministro (José Ibañez Martín); cuñado de ex ministro (Fernando Morán); primo de ex ministro (Calos Bustelo) y ahijado político de ex ministro (Federico Silva Muñoz).

Aunque procedía de una familia de hombres de letras, Leopoldo se tiró al monte de las ciencias y se hizo ingeniero de Caminos, Canales y Puertos con el número uno de su promoción. De universitario se le vio a menudo rivalizar con la Falange. Siendo cabecilla de una huelga conoció a su futura mujer, hija del ministro de Educación Ibáñez Martín, en casa de éste, a quien sin duda impresionó el glorioso apellido del contestatario alumno. Del originario flechazo surgirían en el futuro -sin prisa, pero sin pausa- ocho hijos.

Sus primeras experiencias en el campo empresarial (Perlofil y Explosivos Río Tinto) fueron muy positivas. Requerido por el ministro de Obras Públicas, Silva Muñoz, Leopoldo fue nombrado presidente de Renfe. Él ha explicado lo de la Renfe como si de un sacerdocio se tratara: “Un deseo de servicio público, más un cierto hartazgo de iniciativa privada y de capitalismo, más la presión amistosa de un ministro, me llevaron a aceptar la presidencia de Renfe.” Luego todo fue coser y mandar, a pesar de no conseguir ser procurador en las Cortes franquistas en la elección por el tercio familiar de Pontevedra. Hubo de contentarse con acceder al escaño por vía mucho más indirecta. Y es que Leopoldo nunca tuvo dotes naturales para ser un líder populista, con don de gentes, atractivo. “A partir de cierta edad – ha confesado-, uno tiene la imagen que se merece. Si yo tengo una imagen de ser frío y distante será porque me la merezco”.

Pero sin carisma especial logró ser ministro de Comercio con el último Gobierno de Carlos Arias, para después, en distintas fases, ocupar la cartera de Obras Públicas, la de las Relaciones con la CEE y la vicepresidencia económica, bajo el mando de Adolfo Suárez. Después de Suárez, el máximo mandamás fue él.

Bien mirado, el mandato de Calvo -Sotelo fue tan triste como él y como las circunstancias que lo rodearon: el ignominoso tejerazo del todos al suelo. De febrero de 1981 a octubre de 1982 todos tuvimos la sensación de estar por los suelos. No en vano, a los cien días de gobernar, Calvo-Sotelo declaró por televisión: “Yo dije aquello de la democracia vigilante, porque había dicho que entrábamos en una etapa de democracia vigilada. Al cabo de cien días debo decir que no me he sentido vigilado por nadie.” Debió ser de los pocos españoles que no sufrió esa sensación.

Al tiempo que Leopoldo estaba en la Moncloa, la UCD iba cuarteándose. Como no se fiaba de Suárez, el propio Leopoldo decidió presidir el  partido y descabalgó al suarista Agustín Rodríguez Sahagún. Paradójicamente, el hombre que había dado forma forma legal a la UCD por encargo de Suárez, Leopoldo Calvo-Sotelo, presidía lo que ya era considerado como los restos. “Yo preguntaría si UCD ha llegado a ser realmente un partido alguna vez- declaró desencantado Calvo-Sotelo- o le ha faltado la ideología que une o el propósito común que caracteriza a todo partido político vigente.”

Para este político, bajo cuya presidencia entramos en la OTAN, se fraguó la LOAPA, se aprobó el divorcio, se produjo el fin de ETA p-m, el golpe de los coroneles se abortó, y se multiplicaron las muertes misteriosas por el síndrome tóxico, su partido puede ser que nunca existiera. El 28 de Octubre de 1982 las urnas le dieron la razón: casi nadie votó a su partido ni a él.

Descanse en paz.

Desatado y bien desatado. El Periódico.