EL JUICIO DE JOAN PEIRÓ

 

 

Resumen:

Joan Peiró, el lider anarcosindicalista catalán, que había estado entre los disidentes en 1933 y había regresado a la CNT al estallar la guerra, fue hecho prisionero por los alemanes en noviembre de 1940 en Francia y entregado al gobierno de Franco. Por vez primera se estudian los documentos del tribunal de guerra contra Peiró, que le condenó a la pena de muerte, ejecutada en julio de 1942 en Valencia. El más bien sorprendente número y condición social de los testigos que declararon a favor de Peiró prueban el prestigio de Peiró y de su acción contra la represión indiscriminada durante la Guerra Civil española. Pero Peiró fue sentenciado a muerte incluso antes de que comenzase el juicio, porque había sido ministro de la República entre 1936 y 1937. Sin embargo, el mismo año, les fue conmutada la pena de muerte a otros destacados anarquistas.

Joan Peiró i Belis fue uno de los dirigentes más famosos de la CNT en Cataluña hasta la guerra civil. Nacido en Barcelona en 1887, empezó a trabajar de niño en un horno de la industria del vidrio y no aprendió a escribir hasta los veintidós años, ya casado. En 1907 contrajo matrimonio con Mercedes Olives, obrera textil, que siempre apoyó la actividad sindical de su marido. Tuvieron cinco hijos, tres varones -Llibert, Josep y Juli, que murió éste último cuando tenía dos años- y dos mujeres: Aurora y Guillermina.

En agosto de 1931, cuatro meses después de la proclamación de la República, Peiró fue uno de los treinta firmantes del manifiesto que se oponía al insurreccionalismo anarquista y a la voluntad de dominio de la FAI sobre la CNT. En diciembre de 1932 formó parte del grupo fundador de la Federación Sindicalista Libertaria, que quería orientar los sindicatos separados de la CNT. No obstante, Peiró y la mayoría del grupo no siguieron a Angel Pestaña en la fundación del Partido Sindicalista en febrero de 1933. No volvió a la CNT hasta agosto de 1936. Peiró pasaba a dirigir la cooperativa del Forn del Vidre de Mataró en 1934 y el presidente de la junta era Salvador Cruxent, miembro de Esquerra Republicana de Catalunya y alcalde de Mataró, cargo del que fue destituído a raiz de la adhesión a la revuelta del seis de octubre de 1934, siendo restablecido en marzo de 1936, tras la victòria del Front d’Esquerres de Catalunya y del Frente Popular en España.

El 4 de noviembre de 1936 era nombrado, a propuesta del comité nacional de la CNT, ministro de industria del gobierno que había formado en septiembre el socialista Francisco Largo Caballero, junto con otros tres ministros anarcosindicalistas: Joan García Oliver, Federica Montseny y Juan López. Eran, por tanto, dos anarquistas y dos treintistas, los representantes de la CNT-FAI en el gobierno. Peiró marchó a Madrid y enseguida a Valencia.

Pero Peiró no dejó su producción escrita, iniciando una revisión del anarcosindicalismo a la luz de la experiencia de la guerra civil y de la revolución. Algunos de sus artículos no pasaron la censura. Una compilación de sus escritos de 1937 y 1938 debía publicarse en enero de 1939 con el título Problemas y cintarazos, pero la ocupación de toda Cataluña por las tropas de los nacionales, lo impidió. Sería publicada en Rennes en 1946. El 5 de febrero de 1939 pasó la frontera por el Pertús con su hijo Josep, habiendo perdido contacto con su mujer y sus hijas, que habían pasado a Francia poco antes.
El 16 de enero de 1941 el subsecretario del Ministerio de Asuntos Exteriores comunicaba a la Dirección general de Seguridad que Peiró estaba en manos de las autoridades alemanas y que pronto sería entregado. El 27 del mismo mes se trasmitía a Berlín la petición de extradición por medio del Ministerio de Asuntos Exteriores, que ocupaba entonces Ramón Serrano Suñer. Entre tanto el director general de seguridad pedía el 19 de enero a la polícia de Barcelona los antecedentes de Peiró y poco después recibía un informe fechado el 20 de enero, que se enviaba el día 27 al fiscal de la Causa general. Ese informe resulta pobre en datos y muy parcial, como la gran mayoría de ese tipo de documentos.
Según la policía de Barcelona, Peiró había trabajado “por la organización de sindicatos ácratas, coaccionando siempre que pudo a los obreros, para que éstos ingresaran en ellos, mostrándose en toda ocasión como agitador profesional de cuidado “. Se aportaba el dato de que había sido detenido ya diez y seis veces antes de 1924. Se le acusaba de aprovechar el “Glorioso Movimiento Nacional” para erigirse en director del horno de vidrio en que trabajaba, ignorando que era una cooperativa y que por lo tanto no había sido colectivizada.
También se le presentaba como presidente del comité revolucionario de Mataró “siendo en esta localidad el responsable máximo y principal de cuantos asesinatos se cometieron hasta mayo de 1937, ya que los ejecutores materiales de los crímenes no eran más que simples agentes de la autoridad emanada del referido Peiró”. Supusieron algunos que el haber sido el informado escisionista de la C.N.T., por pasarse al grupo de Angel Pestaña, sería más moderado en sus procedimientos de rebeldía, pero no fue así, pues en la práctica demostró mayor ensañamiento que los más fanáticos de la F.A.I.”. Pronto habrían los mismos policías de rectificar a la vista de unos testigos que no habían buscado la primera vez, pero, de momento, Peiró cargaba con todo aquello.

El día 20 de febrero de 1941 Peiró ingresaba en la Dirección General de Seguridad, en la Puerta del Sol de Madrid, donde permaneció hasta el 8 de abril. José Peiró dice que su padre fue objeto de malos tratos, llegando a Valencia sin algunos dientes. Y eso a pesar de que, según Joan Manent, el conde de Mayalde, entonces director general de seguridad y luego alcalde de Madrid, explicaba años más tarde que había conversado varias veces con Peiró en aquella ocasión y le había impresionado positivamente, como un hombre honrado.

Resulta inevitable plantearse la cuestión de la tardanza en poner en marcha el proceso de Peiró. Hasta el 31 de diciembre de 1941 no se abrió el período sumarial del consejo de guerra, el fiscal no formuló sus conclusiones hasta el 11 de mayo de 1942, el defensor militar de oficio fue nombrado el 3 de junio y hasta el 21 de julio de 1942 se pronució la sentencia. Por lo tanto se tardó casi un año en iniciar el juicio militar y Peiró estuvo preso un año y medio, cuando lo corriente en casos de importancia semejante era un periodo de dos meses entre la entrega por la Gestapo y la sentencia. Fue esa tardanza en el procedimiento lo que alimentó alguna esperanza en el caso de Peiró. Volveremos sobre el tema.

Se pueden agrupar a los declarantes en favor de Peiró en tres grupos por su profesión y condición social. Un primer grupo se compone de militares de la guarnición de Mataró y alguno más, que ya no pertenecía a aquella y residía en Barcelona. Un segundo grupo es el de los clérigos relacionados con la población de Mataró. Peiró no había mencionado ninguno en su declaración exculpatoria. Un tercer grupo estaría formado por jueces y personal relacionado con ellos. En este grupo se incluiría a Francisco Ruiz Jarabo, más tarde ministro. En cuarto lugar estarían núcleos de empresarios y hombres de derecha de Barcelona y sus alrededores junto con algunos que habían detenidos en el País Valenciano cuando Peiró fue ministro. En quinto lugar hay que mencionar el testimonio favorable de un falangista “camisa vieja”, que prestaba su testimonio político ya que no había recibido durante la guerra el favor personal de Peiró: Luís Gutierrez Santa Marina.
Hay que valorar lo que significaba testificar entre 1941 y 1942 a favor de un antiguo dirigente de la CNT y ministro de la República. La Alemania nazi era todavía una potencia invicta con el apoyo de la Italia fascista y con el refuerzo de la expansión militar del Japón, iniciada en diciembre de 1941 en el Pacífico y todavia en apariencia incontestable. Si bien la entrada en guerra de los Estados Unidos ofrecía esperanzas a los antifascistas, la contraofensiva inglesa desde Egipto no empezaría hasta octubre de 1942 y la rusa en Stalingrado no empezaría hasta noviembre, el mismo mes en que tendría lugar el desembarco anglo-norteamericano en Marruecos.

Aunque de todas esas gestiones puramente verbales no exista prueba documental, la declaración escrita de Santa Marina en el sumario, fechada el 1 de julio de 1942, no deja lugar a dudas de la defensa de Peiró por el dirigente falangista de Barcelona, también relatada por el defensor, el alférez Serrano, y reproducida por Josep Peiró en su libro. El literato Gutierrez Santa Marina, que firmaba Luys Santa Marina, era un santanderino afincado en Barcelona desde 1927. Unico jefe superviviente del falangismo barcelonés de preguerra, se salvó de dos condenas a muerte por conmutaciones que resultan sorprendentes en aquel contexto y dada su categoría política. Salvado gracias a la intercesión de algunos escritores catalanistas y quizás a la espera de un posible canje, Santa Marina ayudaría más tarde a algunos escritores condenados como Agustí Esclasans y eso explicaría que al entierro de Santa Marina acudiesen personas de cierto relieve en la vida cultural barcelonesa, cuya presencia en aquel acto resultó chocante.

Santa Marina trataba de insinuar una predisposición de Peiró en el pasado -y por lo tanto en el futuro- a una posible colaboración con el nacionalsindicalismo. Eso no quita que la fama de honesto y de moderado de Joan Peiró, reforzada por las abundates declaraciones de otros testimonios, influyese también en el ánimo de Santa Marina. Compareció en el acto del juicio ante el tribunal militar, pero lo decisivo es su declaración certificada formulada poco antes de la consumación del proceso. Según Luís Serrano, se presentó con camisa azul y todas sus condecoraciones y tuvo un diálogo tenso con el presidente del tribunal, el coronel Loygorri.

A pesar de haberse comportado igual que la guarnición de Girona, el castigo dictado contra la guarnición de Mataró fue mucho más severo. En el juicio del primer grupo de oficiales de Mataró en el barco Uruguay el 26 de octubre de 1936, compareció Peiró con el alcalde Cruxent como testigos de descargo, lo que le valdría a Peiró, según declaró éste, una severa advertencia del jefe de las patrullas de control llamado Portela.

El comandante Enrique Aguado Cabeza, había sido juez militar en Barcelona hasta poco antes del juicio contra Peiró, a quien conocía por haberlo juzgado en un delito de imprenta en 1931. Pertenecía a la guarnición de Barcelona el 19 de julio de 1936 y fue encarcelado. La policía de Barcelona, en la comprobación de la declaración de Peiró en Madrid, confirmó que Aguado se consideraba salvado por aquel y le llamaba “su segundo padre”. El 15 de enero de 1941 declaró ante el juez militar de Mataró y dijo que Peiró, cuando era ministro, había conseguido el sobreseimiento de la causa contra él y le buscó alojamiento en Mataró hasta el fin de la guerra.

 

En total declararon por escrito un religioso, seis militares de los nueve mencionados por Peiró, seis de los ocho jueces y funcionarios de justicia y de prisiones favorecidos por el acusado, nueve de los doce empresarios, encargados y propietarios favorecidos por la portección de Peiró, uno de ellos acompañado de su mujer y sus dos hijos que hay que sumar a los declarantes, y, finalmente, cinco de un total de ocho empleados y personas de derechas y de condición social no identificada. Hay que sumar el testimonio del dirigente falangista Santa Marina. Se recogieron por tanto 28 declaraciones juradas y certificadas. No resultó desmentido ninguno de los casos invocados por Peiró y sólo en dos se matizó a la baja su intervención a favor de alguien.
Al preguntar el tribunal al acusado si tenía algo que añadir, contestó que no. A la salida de la sesión Loygorri le dijo a Serrano: “Efectivamente, a este hombre, yo, le elevo una estatua en la plaza del Caudillo por todo el bién que ha hecho a mucha gente y, luego, lo fusilo por haber sido ministro”.
El mismo dia se conoció la condena a muerte y el tribunal acordaba expresamente no elevar la propuesta de conmutación porque la conducta del acusado caía de lleno en el número dos del grupo primero del anexo de la orden circular de la presidencia del gobierno de 25 de enero de 1940, que antes se ha explicado.

 

El consejo de guerra contra Joan Peiró resulta representativo por el desenlace, pero a la vez es excepcional por la cantidad y calidad de los testigos de descargo tal como ya se ha dicho. El sumarísimo 1156-V, que los amigos de Peiró daban por desaparecido, se ha conservado y consta de 140 folios.

Extraido de Hispania Nova – Albert Balcells UAB

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Una respuesta to “EL JUICIO DE JOAN PEIRÓ”

  1. Amador Rego Villar-Amor Says:

    Gracias Javier Tomás por la informacion tan rigurosa sobre JUAN PEIRÓ BELIS,un gran hombre.Sabes que Giron de Velasco tambien trató de salvarlo y no lo consiguió.Es una pena que de estas personas se conozca tan poco y sea presisamente LA MALDITA IZQUIERDA ANALFABETA,la que sea la que menos lo conozca,lo que hace que se conzca poco de este hombre al igual que CIPRIANO MERA SANZ, MELCHOR RODRIGUEZ GARCIA y asi tantos y tantos.
    Javier te voy a decir algo,no se que grado de FE tienes tu,yo gracias a Dios la tengo,este hombre al igual que otros es SANTO,está en el cielo entre otras razones porque la justicia,que aqui le negaron alli se la dieron.
    NADIE SE QUEDA SIN COBRAR NI TAMPOCO SIN PAGAR.
    Muchas gracias por tus informaciones,seguiremos en contacto,

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