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LA LUCHA POR LA INDUSTRIALIZACIÓN DE CATALUNYA

octubre 31, 2008

Es un tópico habitual hablar del extraordinario desarrollo de la industria catalana del siglo XIX. Cualquier libro lo describe como una serie de éxitos, paralizados solamente por la incompetencia de los gobiernos centrales y el ilusionismo de los seguidores de la doctrina librecambista, que jugaron con con la prosperidad de Catalunya sin darse cuenta de la realidad económica del país y de España.

Ciertamente Catalunya realizó avances considerables en su camino de asimilación de la actividad industrial surgida de las nuevas técnicas  mecánicas y de las nuevas fuentes de energía. Pero ni estos progresos fueron constantes y uniformemente acelerados ni tampoco alcanzaron la triple finalidad que define a las naciones más exitosas en este sentido. Es decir la constitución de una pujante industria siderometalúrgica, el desarrollo integral de la industria textil y la organización de la producción para la libre competencia en los mercados extranjeros, sin tener que recurrir al monopolio o a las barreras aduaneras.

Esta negativa no desmerece el esfuerzo realizado por los hombres de empresa catalanes del siglo XIX, antes al contrario, le añade méritos. Cada vez que se investiga en los documentos originales del proceso de industrialización de Catalunya, admira la desproporción entre la menguada realidad de la infraestructura  económica de la tierra y la amplitud de los proyectos desarrollados.

Digámoslo desde ahora, nos parece que se equivocan gravemente los que sostienen la incapacidad del industrial catalán para adaptarse a las exigencias del espíritu capitalista del siglo XIX. Si el empuje de este siglo desembocó -al margen de algunas excepciones- en las estrecheces de las pequeñas tiendas o en la pobreza de la industria de cuatro telares, este hecho se debe buscar en la pobreza mineral con que el subsuelo de Catalunya respondió a la exigencia de sus hijos.

 

Jaume Vicens i Vives.  Industrials i polítics

EL NEOFORALISMO

octubre 23, 2008

Desde el punto de vista político, el reinado de Carlos II representa el coronamiento de una etapa de entendimiento entre la monarquía hispánica y las clases dirigentes catalanas, etapa que se había iniciado en los últimos años del reinado de Felipe IV. La monarquía acepta una estructura descentralizada, respetando la autonomía de los diferentes reinos que integran sus dominios.

Es lo que los historiadores han llamado neoforalismo.

No es sin embargo, un retorno a las antiguas armonías, sino que la situación ha cambiado de signo. Ahora es la perifería, donde ya empieza a notarse un nuevo dinamismo, la que intenta influir sobre el centro.

Recordemos que Juan José de Austria buscará el apoyo de la periferia para ocupar el poder en Madrid. La burguesía catalana intentará el mantenimiento de esta organización política descentralizada y federal y hará bandera del neoforalismo, porque así conviene a sus intereses. Esta opción representa un cambio notable en la actitud de los catalanes, que iniciarán el intervencionismo en la política del conjunto de la monarquía hispánica.

La participación catalana en la guerra de Sucesión es la consecuencia de esta opción por el intervencionismo.

 

HISTORIA DE CATALUNYA – El Periódico.

EL JUICIO DE JOAN PEIRÓ

octubre 18, 2008
 

 

Resumen:

Joan Peiró, el lider anarcosindicalista catalán, que había estado entre los disidentes en 1933 y había regresado a la CNT al estallar la guerra, fue hecho prisionero por los alemanes en noviembre de 1940 en Francia y entregado al gobierno de Franco. Por vez primera se estudian los documentos del tribunal de guerra contra Peiró, que le condenó a la pena de muerte, ejecutada en julio de 1942 en Valencia. El más bien sorprendente número y condición social de los testigos que declararon a favor de Peiró prueban el prestigio de Peiró y de su acción contra la represión indiscriminada durante la Guerra Civil española. Pero Peiró fue sentenciado a muerte incluso antes de que comenzase el juicio, porque había sido ministro de la República entre 1936 y 1937. Sin embargo, el mismo año, les fue conmutada la pena de muerte a otros destacados anarquistas.

Joan Peiró i Belis fue uno de los dirigentes más famosos de la CNT en Cataluña hasta la guerra civil. Nacido en Barcelona en 1887, empezó a trabajar de niño en un horno de la industria del vidrio y no aprendió a escribir hasta los veintidós años, ya casado. En 1907 contrajo matrimonio con Mercedes Olives, obrera textil, que siempre apoyó la actividad sindical de su marido. Tuvieron cinco hijos, tres varones -Llibert, Josep y Juli, que murió éste último cuando tenía dos años- y dos mujeres: Aurora y Guillermina.

En agosto de 1931, cuatro meses después de la proclamación de la República, Peiró fue uno de los treinta firmantes del manifiesto que se oponía al insurreccionalismo anarquista y a la voluntad de dominio de la FAI sobre la CNT. En diciembre de 1932 formó parte del grupo fundador de la Federación Sindicalista Libertaria, que quería orientar los sindicatos separados de la CNT. No obstante, Peiró y la mayoría del grupo no siguieron a Angel Pestaña en la fundación del Partido Sindicalista en febrero de 1933. No volvió a la CNT hasta agosto de 1936. Peiró pasaba a dirigir la cooperativa del Forn del Vidre de Mataró en 1934 y el presidente de la junta era Salvador Cruxent, miembro de Esquerra Republicana de Catalunya y alcalde de Mataró, cargo del que fue destituído a raiz de la adhesión a la revuelta del seis de octubre de 1934, siendo restablecido en marzo de 1936, tras la victòria del Front d’Esquerres de Catalunya y del Frente Popular en España.

El 4 de noviembre de 1936 era nombrado, a propuesta del comité nacional de la CNT, ministro de industria del gobierno que había formado en septiembre el socialista Francisco Largo Caballero, junto con otros tres ministros anarcosindicalistas: Joan García Oliver, Federica Montseny y Juan López. Eran, por tanto, dos anarquistas y dos treintistas, los representantes de la CNT-FAI en el gobierno. Peiró marchó a Madrid y enseguida a Valencia.

Pero Peiró no dejó su producción escrita, iniciando una revisión del anarcosindicalismo a la luz de la experiencia de la guerra civil y de la revolución. Algunos de sus artículos no pasaron la censura. Una compilación de sus escritos de 1937 y 1938 debía publicarse en enero de 1939 con el título Problemas y cintarazos, pero la ocupación de toda Cataluña por las tropas de los nacionales, lo impidió. Sería publicada en Rennes en 1946. El 5 de febrero de 1939 pasó la frontera por el Pertús con su hijo Josep, habiendo perdido contacto con su mujer y sus hijas, que habían pasado a Francia poco antes.
El 16 de enero de 1941 el subsecretario del Ministerio de Asuntos Exteriores comunicaba a la Dirección general de Seguridad que Peiró estaba en manos de las autoridades alemanas y que pronto sería entregado. El 27 del mismo mes se trasmitía a Berlín la petición de extradición por medio del Ministerio de Asuntos Exteriores, que ocupaba entonces Ramón Serrano Suñer. Entre tanto el director general de seguridad pedía el 19 de enero a la polícia de Barcelona los antecedentes de Peiró y poco después recibía un informe fechado el 20 de enero, que se enviaba el día 27 al fiscal de la Causa general. Ese informe resulta pobre en datos y muy parcial, como la gran mayoría de ese tipo de documentos.
Según la policía de Barcelona, Peiró había trabajado “por la organización de sindicatos ácratas, coaccionando siempre que pudo a los obreros, para que éstos ingresaran en ellos, mostrándose en toda ocasión como agitador profesional de cuidado “. Se aportaba el dato de que había sido detenido ya diez y seis veces antes de 1924. Se le acusaba de aprovechar el “Glorioso Movimiento Nacional” para erigirse en director del horno de vidrio en que trabajaba, ignorando que era una cooperativa y que por lo tanto no había sido colectivizada.
También se le presentaba como presidente del comité revolucionario de Mataró “siendo en esta localidad el responsable máximo y principal de cuantos asesinatos se cometieron hasta mayo de 1937, ya que los ejecutores materiales de los crímenes no eran más que simples agentes de la autoridad emanada del referido Peiró”. Supusieron algunos que el haber sido el informado escisionista de la C.N.T., por pasarse al grupo de Angel Pestaña, sería más moderado en sus procedimientos de rebeldía, pero no fue así, pues en la práctica demostró mayor ensañamiento que los más fanáticos de la F.A.I.”. Pronto habrían los mismos policías de rectificar a la vista de unos testigos que no habían buscado la primera vez, pero, de momento, Peiró cargaba con todo aquello.

El día 20 de febrero de 1941 Peiró ingresaba en la Dirección General de Seguridad, en la Puerta del Sol de Madrid, donde permaneció hasta el 8 de abril. José Peiró dice que su padre fue objeto de malos tratos, llegando a Valencia sin algunos dientes. Y eso a pesar de que, según Joan Manent, el conde de Mayalde, entonces director general de seguridad y luego alcalde de Madrid, explicaba años más tarde que había conversado varias veces con Peiró en aquella ocasión y le había impresionado positivamente, como un hombre honrado.

Resulta inevitable plantearse la cuestión de la tardanza en poner en marcha el proceso de Peiró. Hasta el 31 de diciembre de 1941 no se abrió el período sumarial del consejo de guerra, el fiscal no formuló sus conclusiones hasta el 11 de mayo de 1942, el defensor militar de oficio fue nombrado el 3 de junio y hasta el 21 de julio de 1942 se pronució la sentencia. Por lo tanto se tardó casi un año en iniciar el juicio militar y Peiró estuvo preso un año y medio, cuando lo corriente en casos de importancia semejante era un periodo de dos meses entre la entrega por la Gestapo y la sentencia. Fue esa tardanza en el procedimiento lo que alimentó alguna esperanza en el caso de Peiró. Volveremos sobre el tema.

Se pueden agrupar a los declarantes en favor de Peiró en tres grupos por su profesión y condición social. Un primer grupo se compone de militares de la guarnición de Mataró y alguno más, que ya no pertenecía a aquella y residía en Barcelona. Un segundo grupo es el de los clérigos relacionados con la población de Mataró. Peiró no había mencionado ninguno en su declaración exculpatoria. Un tercer grupo estaría formado por jueces y personal relacionado con ellos. En este grupo se incluiría a Francisco Ruiz Jarabo, más tarde ministro. En cuarto lugar estarían núcleos de empresarios y hombres de derecha de Barcelona y sus alrededores junto con algunos que habían detenidos en el País Valenciano cuando Peiró fue ministro. En quinto lugar hay que mencionar el testimonio favorable de un falangista “camisa vieja”, que prestaba su testimonio político ya que no había recibido durante la guerra el favor personal de Peiró: Luís Gutierrez Santa Marina.
Hay que valorar lo que significaba testificar entre 1941 y 1942 a favor de un antiguo dirigente de la CNT y ministro de la República. La Alemania nazi era todavía una potencia invicta con el apoyo de la Italia fascista y con el refuerzo de la expansión militar del Japón, iniciada en diciembre de 1941 en el Pacífico y todavia en apariencia incontestable. Si bien la entrada en guerra de los Estados Unidos ofrecía esperanzas a los antifascistas, la contraofensiva inglesa desde Egipto no empezaría hasta octubre de 1942 y la rusa en Stalingrado no empezaría hasta noviembre, el mismo mes en que tendría lugar el desembarco anglo-norteamericano en Marruecos.

Aunque de todas esas gestiones puramente verbales no exista prueba documental, la declaración escrita de Santa Marina en el sumario, fechada el 1 de julio de 1942, no deja lugar a dudas de la defensa de Peiró por el dirigente falangista de Barcelona, también relatada por el defensor, el alférez Serrano, y reproducida por Josep Peiró en su libro. El literato Gutierrez Santa Marina, que firmaba Luys Santa Marina, era un santanderino afincado en Barcelona desde 1927. Unico jefe superviviente del falangismo barcelonés de preguerra, se salvó de dos condenas a muerte por conmutaciones que resultan sorprendentes en aquel contexto y dada su categoría política. Salvado gracias a la intercesión de algunos escritores catalanistas y quizás a la espera de un posible canje, Santa Marina ayudaría más tarde a algunos escritores condenados como Agustí Esclasans y eso explicaría que al entierro de Santa Marina acudiesen personas de cierto relieve en la vida cultural barcelonesa, cuya presencia en aquel acto resultó chocante.

Santa Marina trataba de insinuar una predisposición de Peiró en el pasado -y por lo tanto en el futuro- a una posible colaboración con el nacionalsindicalismo. Eso no quita que la fama de honesto y de moderado de Joan Peiró, reforzada por las abundates declaraciones de otros testimonios, influyese también en el ánimo de Santa Marina. Compareció en el acto del juicio ante el tribunal militar, pero lo decisivo es su declaración certificada formulada poco antes de la consumación del proceso. Según Luís Serrano, se presentó con camisa azul y todas sus condecoraciones y tuvo un diálogo tenso con el presidente del tribunal, el coronel Loygorri.

A pesar de haberse comportado igual que la guarnición de Girona, el castigo dictado contra la guarnición de Mataró fue mucho más severo. En el juicio del primer grupo de oficiales de Mataró en el barco Uruguay el 26 de octubre de 1936, compareció Peiró con el alcalde Cruxent como testigos de descargo, lo que le valdría a Peiró, según declaró éste, una severa advertencia del jefe de las patrullas de control llamado Portela.

El comandante Enrique Aguado Cabeza, había sido juez militar en Barcelona hasta poco antes del juicio contra Peiró, a quien conocía por haberlo juzgado en un delito de imprenta en 1931. Pertenecía a la guarnición de Barcelona el 19 de julio de 1936 y fue encarcelado. La policía de Barcelona, en la comprobación de la declaración de Peiró en Madrid, confirmó que Aguado se consideraba salvado por aquel y le llamaba “su segundo padre”. El 15 de enero de 1941 declaró ante el juez militar de Mataró y dijo que Peiró, cuando era ministro, había conseguido el sobreseimiento de la causa contra él y le buscó alojamiento en Mataró hasta el fin de la guerra.

 

En total declararon por escrito un religioso, seis militares de los nueve mencionados por Peiró, seis de los ocho jueces y funcionarios de justicia y de prisiones favorecidos por el acusado, nueve de los doce empresarios, encargados y propietarios favorecidos por la portección de Peiró, uno de ellos acompañado de su mujer y sus dos hijos que hay que sumar a los declarantes, y, finalmente, cinco de un total de ocho empleados y personas de derechas y de condición social no identificada. Hay que sumar el testimonio del dirigente falangista Santa Marina. Se recogieron por tanto 28 declaraciones juradas y certificadas. No resultó desmentido ninguno de los casos invocados por Peiró y sólo en dos se matizó a la baja su intervención a favor de alguien.
Al preguntar el tribunal al acusado si tenía algo que añadir, contestó que no. A la salida de la sesión Loygorri le dijo a Serrano: “Efectivamente, a este hombre, yo, le elevo una estatua en la plaza del Caudillo por todo el bién que ha hecho a mucha gente y, luego, lo fusilo por haber sido ministro”.
El mismo dia se conoció la condena a muerte y el tribunal acordaba expresamente no elevar la propuesta de conmutación porque la conducta del acusado caía de lleno en el número dos del grupo primero del anexo de la orden circular de la presidencia del gobierno de 25 de enero de 1940, que antes se ha explicado.

 

El consejo de guerra contra Joan Peiró resulta representativo por el desenlace, pero a la vez es excepcional por la cantidad y calidad de los testigos de descargo tal como ya se ha dicho. El sumarísimo 1156-V, que los amigos de Peiró daban por desaparecido, se ha conservado y consta de 140 folios.

Extraido de Hispania Nova – Albert Balcells UAB

PROPUESTAS

octubre 16, 2008

Angel De la Fuente –  Instituto de Análisis Económicos (CSIC)

EL PERIÓDICO 16/10/08

 

Los sucesivos gobiernos catalanes han conseguido llevar una vida relativamente cómoda a base de lanzar pelotas fuera; todos los problemas que puedan surgir son culpa de la insuficiencia de recursos a lo cual nos condena un sistema de financiación profundamente injusto.

Teniendo en cuenta las cifras que ofrecía en mi última columna, quizás convendría que el gobierno regional se plantees por una vez y sin que sirva de precedente la posibilidad de hacer un poco de autocrítica. Si con un nivel de financiación cerca de la media es incapaz de ofrecer unos servicios satisfactorios para sus ciudadanos, ¿ no es posible que esté haciendo algo mal? ¿ no debe de ser quizás que está dedicando un esfuerzo muy grande y demasiados recursos a cuestiones identitarias que aportan poco o nada al bienestar de la población?.

No es díficil encontrar ejemplos. ¿Para qué necesita una Administración regional una secretaría de Asuntos Exteriores, con una red de embajadas y una agencia de cooperación para el desarrollo incluidas, con un coste anual de casi 90 millones de euros? ¿Es realmente necesario regalar escuelas a Francia cuando aquí tenemos más de 20.000 niños en barracones? ¿Por qué se subvenciona con el dinero de todos entidades de carácter claramente político, comenzando por Òmniun Cultural y la Plataforma Pro Seleccions Catalanes, entre otras? ¿No debe estar un poco sobredimensionada una radiotelevisión autonómica cuyo presupuesto anual (500 millones de euros el 2007) es más del 40% del de la comunidad autónoma de la Rioja?

Para que estas cosas y otras de similares no resten recursos de los servicios que la Generalitat si que está obligada a prestarnos, se tendría de habilitar una vía especial de financiamiento. Una buena opción sería un recargo voluntario sobre el IRPF para gestos identitarios. A ver cuantos ponen la crucecita.

Se admiten apuestas.

LA CAPITALIZACIÓN DEL TRABAJO CATALÁN.

octubre 15, 2008

“Los catalanes hemos sido un pueblo que nunca ha manejado grandes capitales. No hemos dispuesto de grandes recursos naturales, que en un momento dado de la historia representasen una reserva gratuita para nuestro desarrollo económico.

La tan pregonada diferencia entre Euskadi y Catalunya -diciendo que aquélla había triunfado en la práctica del gran capitalismo (banca, sociedades anónimas, transporte), proviene, más que de una ineptitud psicológica nuestra, fundamentada en un supuesto individualismo a ultranza, del hecho evidente de que los vascos dispusieron a finales del siglo pasado de una sorprendente y considerable riqueza en sus minas de hierro.

El hierro se vendió caro, se exportó a Inglaterra y se utilizó ampliamente en el equipamiento industrial español durante la Restauración. Mucho dinero acudió de todas partes -y sobre todo de Inglaterra- hacia las bancas bilbaínas, y permitió el montaje a gran escala de organizaciones industriales y financieras supercapitalistas.

No cabe ninguna duda de que esto mismo habría sucedido en Catalunya si las minas de Sant Joan de les Abadesses, no hubiesen sido una ridícula aproximación a la explotación carbonífera en gran escala, y si el hierro hubiese estado al alcance las industrias de la costa.”

Jaume Vicens i Vives

Noticia de Catalunya.