ELS REBOMBORIS DEL PA (La revuelta del pan)

Narración de los hechos en Barcelona según testimonio de varios testigos presenciales, recogido por Josep Fontana en la obra La fí de l’Antic Régim i la industrialització.

“El 28 de febrero de 1789, en Barcelona, se hicieron públicos, los nuevos precios del pan motivados por la escasez de trigo.

Considerando el pueblo que esos precios eran excesivos, a las siete de la tarde se amotinó una gran multitud. El movimiento lo iniciaron las mujeres y después de ellas participó todo el mundo. Los amotinados incendiaron el pastoim de la ciudad, las barracas en las que se vendía el pan en toda Barcelona, y se llevaron todo el pan que encontraron gritando ¡Fuera el hambre!.

Después se dirigieron al domicilio de los arrendatarios del pan. A uno no le causaron ningún daño aquella noche, pero al otro cuyo nombre era Torres, le derribaron la puerta y le quemaron los muebles y cuanto encontraron. No le quemaron la casa para no propagar el fuego a los edificios vecinos. Los amotinados gritaban “¡Viva el Rey y muera el general!”, refiriéndose al conde del Asalto, porque corría el rumor que negociaba con el pan.

Un fraile capuchino se enfrentó a los amotinados y empezó a exhortarles a la calma, pero nadie le hizo caso. El fraile se desnudó y se azotó delante de ellos, pero no consiguió apaciguarlos. Todos gritaban que no cejarían hasta quemar a Torres en persona, pero este consiguió huir por la azotea.

El primero de marzo, los amotinados se dirigieron al Pla de Palau, exigiendo que saliese el general. Acudió allí el señor obispo, y muchos nobles de Barcelona. Se asomaron a los balcones del Palacio y pidieron a los amotinados que expusieran sus demandas. A lo cual respondieron todos a una que querían el pan al precio del año anterior. Allí mismo se accedió a su reclamación, y el general, el obispo y el gobernador firmaron un documento con las disposiciones oportunas. No contentos con este logro, los alzados reclamaron la libertad de seis amotinados detenidos la tarde anterior. Un juez salió del palacio y, seguido de la turba, se dirigió a la cárcel y liberó a los seis presos.

Mientras tanto, el general mandó llamar a la tropa, formada en el Pla de Palau. donde había permanecido sin intervenir. Entonces, unos muchachos empezaron a tirarle piedras, algunas de las cuales mataron a un soldado a caballo y a un sargento. Entonces la caballería se lanzó contra los paisanos, con los sables desenvainados. La carga de la caballería produjo una gran confusión, con el resultado de un número elevado número de heridos. La multitud, para escapar de los soldados, se arrojaba por la murallla.

Muchas personas se rompieron brazos o piernas, y no pocas murieron a consecuencia de estos hechos, si bien no queda constancia de ello, porque fallecieron en sus casas.

El conocimiento de estos sucesos produjo una gran alteración en el pueblo. Un grupo de sediciosos se dirigió a la catedral a tocar somatén.

Como hallaron las puertas cerradas, derribaron la del lado de Santa Llúcia y otras, gritando, profiriendo blasfemias, sin respetar al obispo, a los señores y a otras personas honradas, tuteándolos y llamándolos brut, porc, lladre y dirigiéndoles otros improperios.

Semblava que lo món finia en aquella tarda.”

El levantamiento popular, duró dos días y la represión fue muy dura. Hubieron seis ejecutados, otros dicen que siete,  un centenar de deportados y muchos encarcelados.

Historia de Catalunya- Ediciones Primera Plana

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2 comentarios to “ELS REBOMBORIS DEL PA (La revuelta del pan)”

  1. Rosa Says:

    Xavier, como siempre el pueblo es provocado al aparecer, unos digamos soldados,como siempre nunca sabremos porque alguien tiro la 1ª piedra, fue por prepotencia ¿o……..provocacion? que es lo que buscaban

  2. xaviercomas Says:

    No Rosa, no fueron ni los soldados ni los chicos los que provocaron esa situación. La situación como siempre fue provocada por los que detentan el poder y su subida desmesurada del pan.
    Y las que desencadenaran la algarada fueron, como pasa siempre, las mujeres, que casi no podían comprar algo tan necesario como el pan diario.
    A ver su algún día, vosotras, ya que nosotros somos unos pasmarotes, os dais cuenta de lo que nos está ocurriendo hoy en día y levantais la voz y ponemos a estos, los que nos gobiernan, y ahí incluyo a todos, en su sitio, cavando carreteras, poniendo vías, llevando a sus hijos a la escuela pública, en las listas de espera de la seguridad social y presentando curriculums cuando la empresa en la que trabajen hagan reducción de personal.
    Un saludo.

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