LA BATALLA DE BARCELONA (19 DE JULIO DE 1936)

La máxima batalla del 19 de julio se libró en Barcelona, que hasta entonces había permanecida tranquila. La noche anterior, esta magnífica ciudad había creido enloquecer por los rumores. El general en jefe de la 4ª división, con base en Barcelona, Llano de la Encomienda, había advertido a sus oficiales que aunque apoyaba a Unión Repúblicana, caso de tener que elegir, prefería el comunismo al fascismo. Entre los que escucharon estas palabras estaban los oficiales que estaban comprometidos con el alzamiento planeado para el día siguiente, incluido el general de caballería Fernández Burriel, que había de tomar el mando hasta que llegara desde Mallorca el general Goded.

El plan consistía en hacer converger a las distintas guarniciones de la periferia de Barcelona, hasta llegar a la Plaza de Catalunya, suponía que una vez realizada la operación, la ciudad quedaría dominada.

Pero los conspiradores no habían tenido en cuenta la falta de entusiamo hacia el levantamiento de la guardia civil, los guardias de asalto, ni habían valorado el número ni el valor de los obreros anarquistas.

A última hora de la noche del 18 de julio, Companys se negó a dar “armas al pueblo”. Sin embargo la CNT, tomó por asalto varios depósitos de armas, incluido el viejo barco prisión Urugay, fondeado en el puerto y convocó una huelga general para el día siguiente y se preparó para la lucha. Así en un momento, los dirigentes anarquistas pasaron de ser perseguidos, a ser dirigentes de la Alianza Revolucionaria Antifascista.

Llano de la Encomienda, notificó a Companys de que las guarniciones estaban tranquilas. Pero el presidente no podía conciliar el sueño. A las dos de la madrugada, acompañado de Ventura Gassol, el poeta que era su consejero de cultura, salieron a pasear por las Ramblas. Companys, llevaba un sombre flexible con el ala caida sobre los ojos, y su acompañante su sombrero de ala ancha, que le daba un aspecto de violinista del siglo pasado.

La brillante alegría de una noche de sábado en la ciudad, fue dando lentamente paso a algo igualmente tradicional en la ciudad, a un amanecer revolucionario. De repente, las multitudes dejaron de parecer compuestas por personas despreocupadas que disfrutaban del fín de semana, para convertirse en grandes grupos de obreros armados, y, en los aparatos de radio. la música de baile dió paso a una serie de urgentes incitaciones a la acción. A las cuatro de la mañana, Companys, tuvo noticia que que tropas al mando del comandante López Amor, habían salido de los cuarteles de Pedralbes, al oeste de la ciudad, y se dirigían hacia la Plaza de Catalunya. Se había iniciado la guerra civil en Catalunya

Extraido de La guerra civil española – Hugh Thomas

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