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DIGNITAT CONTRA XULERIA (Apuntes de historia)

julio 29, 2008

Escrit, en que es va demanar una reacció popular contra el diari La Vanguardia Española, eran altres temps i altres raons.

El Sr. Galinsoga és un anticatalá furiós, fins el punt que durant la guerra civil va arribar a escriure que calia destruir Catalunya Durant tot aquest temps que l’hem hagut de soportar com a director d’un diari de tanta importáncia com “La Vanguardia” les expressions injurioses i les xuleries han estat la seva norma.

Finalment, fa poc -el dia 21 de juny d’auqest any- s’ha permés pronunciar en plena parròquia de St. Ildefons de Barcelona (Travessera de Gràcia, 55), després d’altres expressions insultants, aquesta frase altament ofensiva: “¡Todos los catalanes son una mierda!”.

Ha arribat l’hora de demostrar al Sr. Galinsoga i a la gent  com ell que a Catalunya encara hi ha dignitat. Per tant, considerant que és una vergonya que un diari de la importància de “La Vanguadia”, editat a Barcelona, tingui de director un home d’aquesta mena, ens dirigim públicament al Comte de Godó, propietari del diari, amb el prec de que el Sr. Galinsoga sigui substituit per una persona de més dignitat i més respectuosa envers Catalunya.

Mentres aquesta substitució no es produeixi cal que les persones que estan subscrites a “La Vanguardia”, se’n donguin de baixa y que els qui el compren en els quioscos deixin de comprar-lo.

Ja són moltes les persones que s’han donat de baixa o que han deixat de comprar aquest diari. Però cal que això s’intensifiqui a fin que ens sigui donada la satisfacció a que tenim dret.

CATALANS:

HEM DE DEMOSTRAR QUE NO SE’NS POT INSULTAR IMPUNEMENT.

 

Más de 14.000 bajas en La Vanguardia. El día 21 de Junio de 1959 el director de “La Vanguardia” Luis Martínez de Galinsoga expresó su descontento porque en la misa a la que quería asistir la homilía se hacía en lengua catalana. Este hecho originó una reacción ciudadana consistente en dejar de comprar “La Vanguardia” y retirar la publicidad los anunciantes. En Febrero de 1960 era destituido el Sr. Galinsoga.

Eran otros tiempos, muchos mayores se acuerdan de los boicots a los tranvías de Barcelona, por sus subidas desmesuradas.

Quizás había más conciencia social y menos tribalismo.

ADOLFO SUÁREZ (Discurso de dimisión)

julio 22, 2008

A las 19.40 horas del 29 de Enero de 1981, Televisión Española interrumpió sus emisiones para transmitir una alocución de Adolfo Suárez, en la que éste anunciaba su dimisión como presidente del Gobierno y de Unión de Centro Democrático. Vestido con chaqueta oscura, camisa azul celeste y corbata oscura a rayas blancas. Suárez leyó con firmeza ante las cámaras de televisión el siguiente discurso de despedida:

“Hay momentos en la vida de todo hombre en los que se asume un especial sentido de la responsabilidad.

Yo creo haberla sabido asumir dignamente durante los casi cinco años que he sido presidente del Gobierno. Hoy, sin embargo, la responsabilidad que siento me parece infinitamente mayor.

Hoy tengo la responsabilidad de explicarles, desde la confianza y la legitimidad con la que me invistieron como presidente constitucional, las razones por las que presento, irrevocablemente, mi dimisión como presidente del Gobierno y mi decisión de dejar la presidencia de la Unión de Centro Democrático.

No es una decisión fácil. Pero hay encrucijadas tanto en nuestra propia vida personal como en la historia de los pueblos en las que uno debe preguntarse, serena y objetivamente, si presta un mejor servicio a la colectividad permaneciendo en su puesto o renunciando a él.

He llegado al convencimiento de que hoy, y, en las actuales cirscunstancias, mi marcha es más beneficiosa para España que mi permanencia en la Presidencia.

Me voy, pues, sin que nadie me lo haya pedido, desoyendo la petición y las presiones con las que se me ha instado a permanecer en mi puesto, con el convencimiento de que este comportamiento, por poco comprensible que pueda parecer a primera vista, es el que creo que mi patria me exige en este momento.

No me voy por cansancio. No me voy porque haya sufrido un revés superior a mi capacidad de encaje. No me voy por temor al futuro. Me voy porque ya las palabras parecen no ser suficientes y es preciso demostrar con hechos lo que somos y lo que queremos.

Nada más lejos de la realidad que la imagen que se ha querido dar de mí con la de una persona aferrada al cargo. Todo político ha de tener vocación de poder, voluntad de continuidad y de permanencia en el marco de unos principios. Pero un político que además pretenda servir al Estado debe saber en qué momento el precio que el pueblo ha de pagar por su permanencia y su continuidad es superior al precio que siempre implica el cambio de la persona que encarna las mayores responsabilidades ejecutivas de la vida política de la nación.

Yo creo saberlo, tengo el convencimiento, de que esta es la situación en la que nos hallamos y, por eso, mi decisión es tan firme como meditada.

He sufrido un importante desgaste durante mis casi cinco años de presidente. Ninguna otra persona, a lo largo de los últimos 150 años, ha permanecido tanto tiempo gobernando democráticamente en España. Mi desgaste personal ha permitido articular un sistema de libertades, un nuevo modelo de convivencia social y un nuevo modelo de Estado. Creo, por tanto, que ha merecido la pena. Pero, como frecuentemente ocurre en la historia, la continuidad de una obra exige un cambio de personas y yo no quiero que el sistema democrático de convivencia sea, una vez más, un paréntesis en la historia de España.

Trato de que mi decisión sea un acto de estricta lealtad. De lealtad hacia España, cuya vida libre ha de ser el fundamento irrenunciable para superar una historia repleta de traumas y de frustaciones; de lealtad hacia la idea de un centro político que se estructure en forma de partido interclasista, reformista y progresista, y que tiene comprometido su esfuerzo en una tarea de erradicación de tantas injusticias como todavía perviven en nuestro país; de lealtad a la Corona, a cuya causa he dedicado todos mis esfuerzos, por entender que sólo en torno a ella es posible la reconciliación de los españoles y una patria de todos, y de lealtad, si me lo permiten, hacia mi propia obra.

Pero este profundo sentimiento de lealtad exige hoy también que se produzcan hechos que, como el que asumo, actúen de revulsivo moral que ayude a restablecer la credibilidad en las personas y en las instituciones.

Quizás los modos y maneras que a menudo se utilizan para juzgar a las personas no sean los más adecuados para una convivencia serena. No me he quejado en ningún momento de la crítica. Siempre la he aceptado serenamente. Pero creo que tengo fuerza moral para pedir que, en el futuro, no se recurra a la inútil descalificación global, a la visceralidad o al ataque personal porque creo que se perjudica el normal y estable funcionamiento de las instituciones democráticas. La crítica pública y profunda de los actos de Gobierno es una necesidad, por no decir una obligación, en un sistema democrático de Gobierno basado en la opinión pública. Pero el ataque irracionalmente sistemático, la permanente descalificación de las personas y de cualquier solución con que se trata de enfocar los problemas del país, no son un arma legítima porque, precisamente pueden desorientar a la opinión pública en que se apoya el propio sistema democrático de convivencia.

Querría transmitirles mi sentimiento de que sigue habiendo muchas razones para conservar la fe, para mantenerse firmes y confiar en nosotros los españoles. Lo digo con el ansia de quien quiere conservar la fuerza necesaria para fortalecer en todos sus corazones la idea de la unidad de España, la voluntad de fortalecer las instituciones democráticas y la necesidad de prestar un mayor respeto a las personas y la legitimidad de los poderes públicos.

Yo por mi parte, les prometo que como diputado y como militante de mi partido seguiré entregado en cuerpo y alma a la defensa y divulgación del compromiso ético y del rearme moral que necesita la sociedad española.

Todos podemos servir a este objetivo desde nuestro trabajo y desde la confianza de que, si todos queremos, nadie podrá apartarnos de las metas que, como nación libre y desarrollada nos hemos trazado.

Se puede prescindir de una persona en concreto. Pero no podemos prescindir del esfuerzo que todos juntos hemos de hacer para construir una España de todos y para todos.

Por eso no me puedo permitir ninguna queja ni ningún gesto de amargura. Tenemos que mantenernos en la esperanza, convencidos de que las circunstancias seguirán siendo difíciles durante algún tiempo, pero con la seguridad de que si no desfallecemos vamos a seguir adelante.

Algo muy importante tiene que cambiar en nuestras actitudes y comportamientos. Y yo quiero contribuir, con mi renuncia, a que este cambio sea realmente posible e inmediato.

Debemos hacer todo lo necesario para que se recobre la confianza, para que se disipen los descontentos y los desencantos. Y para ello es preciso convocar al país a un gran esfuerzo. Es necesario que el pueblo español se agrupe en torno a las ideas básicas, a las instituciones y las personas promovidas democráticamente a la dirección de los asuntos públicos.

Los principales problemas de España tienen hoy el tratamiento adecuado para darles solución. En UCD hay hombres capaces de continuar la labor de Gobierno con eficacia, profesionalidad y sentido del Estado y para afrontar este cambio con toda normalidad. Les pido que les apoyen y que renueven en ellos su confianza para que cuenten con el necesario margen de tiempo para poder culminar la labor emprendida.

Deseo para España, y para todos y cada uno de ustedes y de sus familias, un futuro de paz y bienestar. Esta ha sido la única justificación de mi gestión política y va a seguir siendo la razón fundamental de mi vida. Les doy las gracias por su sacrificio, por su colaboración y por las reiteradas pruebas de confianza que me han otorgado. Quise corresponder a ellas con entrega absoluta a mi trabajo y con dedicación, abnegación y generosidad. Les prometo que donde quiera que esté me mantendré identificado con sus aspiraciones. Que estaré siempre a su lado y que trataré, en la medida de mis fuerzas, de mantenerme en la misma línea y con el mismo espíritu de trabajo.

Muchas gracias a todos y por todo.

ALGO HABRA QUE HACER

julio 17, 2008

 

–         José Luis, malas noticias, acaba de caer la primera inmobiliaria y ya sabes que eso es una cadena: proveedores, pequeños subcontratados, trabajadores que se quedan sin empleo, compradores que se quedan sin ahorros y sin vivienda…¿Hacemos algo?

 

–         Sí, claro, María Teresa, llama de mi parte a Miguel Sebastián y dile que vuelva a ir al Congreso sin corbata y que haga unas declaraciones sobre la mucha energía que se ahorra con esa medida progresista. Yo creo que los medios y los ciudadanos pueden estar debatiendo eso una semanita. Cuando subieron las hipotecas nos funcionó.

 

–         La verdad, Presidente, yo creo que ese debate no da para mucho más…

 

–         Es verdad, a lo mejor ya no le prestan atención… ¿Y la Ministra de Igualdad? Bibiana es siempre una apuesta segura. Le podías decir que haga algunas declaraciones de lo que ella quiera, me da lo mismo. Aquello de las miembras y lo de fistro que dijo mientras subía el paro sigue todavía dando que hablar, qué gracia tiene esta chiquilla que me recomendaron…

 

 

  

–         José Luis…

 

–         Tienes razón. A lo mejor hay que ponerse a hacer algo en serio… Oye, ¿no habrá ahora ninguna competición de fútbol con la selección?… ¿Cuándo empiezan las olimpiadas de Pekín?

 

–         Ufff, me voy a hablar con Solbes.

 

–         Vale, habla con él, pero te va a decir lo de siempre, que con los 400 euros que les cobramos a los ciudadanos primero para írselos devolviendo unos meses después, ya está agotado el margen de maniobra… Estoy pensando…¿y si creamos un debate sobre los derechos de los primates? O mejor podías llamar a María Emilia y le echas otra vez la bronca, dile que saquen ahora la sentencia de los matrimonios homosexuales. ¿O hacemos caso a Izquierda Unida y suprimimos los funerales de Estado…?

 

–         ¡José Luis!

 

–         No te lo tomes tan a la tremenda. Si sabes que hasta ahora estas cosas me van funcionando…. Por lo pronto he estado preparando otras formas de llamar a la crisis. Bueno, con mis hijas es un no parar cuando jugamos en casa a la palabra prohibida. Y se lo pasan en grande cuando ven que lo utilizo en mis discursos del día siguiente. Ya lo hicimos con negociación, con trasvase… Últimamente recortan palabras de los titulares de los periódicos de color salmón, las doblamos y las vamos sacando al azar y a veces nos salen expresiones que están muy bien. Mira ésta que sacamos ayer: desaceleración transitoria intensa… no me digas que no está lograda

 

–         Es verdad que te va funcionando, pero no sé cuándo se acabará esa suerte. Deberíamos tener plan B por si en algún momento tenemos oposición o por si la gente pierde la paciencia y reacciona.

 

–         María Teresa, tú confía en mí. A medio plazo, ambas cosas parecen muy lejanas.

 

En clave de FA

ESPAÑA ABURRIDA

julio 14, 2008

Afirmó Felipe González en el último debate sobre el estado de la nación de la legislatura 1982-1986. “lo que nos preocupa es lo que antes nos preocupaba: los demonios familiares del pasado. Por eso me he referido a los diez años, porque es un esfuerzo colectivo.”.

 Tenía razón. Nadie le contradijo. La España que se dispone a entrar en Europa es, en palabras del Presidente “más democrática, más sana y más competitiva.”. La España de mediados de los ochenta no es aquella España de 1975 surgida de una noche de cuarenta años, aquella España del seiscientos, de los planes de desarrollo, de los fusilamientos, del espíritu del 12 de febrero, de las asociaciones políticas, del búnquer, de la esperanza, de la legalización del PCE, de las manis pro Estatut, de las matanzas de Atocha, de los 23-F.

“Cuando ahora veo a mis colegas europeos -explicó González en el Congreso- compruebo que la naturaleza de los problemas de España es la misma que los de Alemania Federal, Francia o Gran Bretaña.”.

Es la España de la crisis económica, de la revolución tecnológica, del caos urbanístico, del paro, de la reconversión industrial, del video, de la informática, de la drogadicción, de la jubilación anticipada, de la juventud prorrogada hasta los 30 años, de la inseguridad ciudadana, del bebe probeta, de la delincuencia organizada, del terrorismo internacional, de la reforma agraria, de la tensión entre los bloques, de Rambo, de la guerra de las galaxias, del fútbol de México 86, de la Barcelona olímpica.

Pero, ante todo, es la España de la libertad y de la democracia. La España del cambio.

Es una España más aburrida, hay poco contra lo que luchar.

Pero es una España que al cabo de 22 años, no ha cambiado para nada, es lo que hemos querido que sea, sin más.  

 

Extractos de El Periódico.

MI PATRIA HISPANO CATALANA

julio 8, 2008

Curiosa la apreciación de algunos sobre la catalanidad de algunos conciudadanos, por lo que parece, estamos cada vez más cerca del estado totalitario y fascista de pensamiento único.

Solo se puede ser buen catalán cerrando los ojos a la realidad, no valen para nada ni las estadísticas ni las encuestas, ser catalán es para unos pocos aceptar todo el odio concretado en lo español.

De nada sirve que esta España surgiera de la unión por matrimonio entre el Reino de Aragón (Catalunya estaba incluida) y el reino de Castilla. La deformación de la realidad es tan dura y cruda, que quienes dan señas de catalanidad, los catalanes de la ceba, viven inmersos en una serie de agravios que si se hiciese lo mismo en el resto de España, viviríamos sin vivir, presos de traiciones, luchas y victorias, que nunca lo han sido, ya que España sigue y yo estoy convencido de que los conflictos entre hermanos, aparte de ser los más crueles, son solo el preámbulo de las conciliaciones.

Sobre el artículo, titulado “Viva España” de Manuel Trallero que publiqué en el blog “Por la Paz y la Libertad”, cuando el autor habla de de la Catalunya real y de la Catalunya imaginaria, habla solo como una persona que con un mínimo de conocimientos matemáticos analiza lo que tenemos y lo que nos representa. Hay que ser realmente muy cínico o muy entusiasta para no reconocerlo.

Ahora mismo nos encontramos con una generación de españoles y dentro de ellos a los catalanes, que no han vivido y que están completamente ajenos a lo que supuso una dictadura, la franquista, que quiso imponer una España unitaria y que nos privó de la diversidad que hoy en día disfrutamos.

Se ha pasado de una bandera que fue un simbolo de una guerra indeseable, a una bandera por la que muchos españoles, y dentro de ellos los catalanes, se sienten, además de representados, identificados.

Como  digo siempre, pasarán los políticos, los partidos, las diferentes ideologías, pero España siempre continuará.

LOS ULTIMOS DE FILIPINAS: los héroes de Baler

julio 2, 2008
Hoy muchos españoles ignoran quiénes fueron los héroes de Baler. Quizá ni siquiera el título de “los últimos de Filipinas” les evoque otra cosa que una vieja película. Pero aquellos hombres, los últimos de Filipinas, escribieron una gesta realmente extraordinaria: casi un año soportaron el asedio del enemigo en una pequeña iglesia de un rincón perdido del archipiélago. Se negaron a creer que España hubiera abandonado las Filipinas y mantuvieron la bandera, frente a un enemigo muy superior, hasta que no les cupo la menor duda de que aquello ya no era suelo español. Una aventura excepcional.
 
Estamos en Filipinas en 1898. Los norteamericanos han empezado a ejercer de gran potencia: quieren dominar América y controlar el Pacífico. Su primer objetivo será un viejo país europeo, empequeñecido y menesteroso, que sin embargo aún tiene su bandera en aquellos lugares: España. La bandera española ondea en Cuba, en Filipinas y también en Guaján o Guam, en las islas Marianas. Son los restos del viejo imperio. Los yanquis saben de nuestra debilidad. Saben también que, desde algunos años atrás, Cuba y Filipinas viven una fuerte efervescencia antiespañola. En Cuba la guerra viene siendo larga y costosa. En Filipinas no ha sido tan grave: a España no le había costado mucho mantener el orden; los disturbios, aunque serios, se habían limitado al área de la capital, Manila.
 
No lejos de Manila hay un distrito bastante tranquilo: el del Príncipe. Su capital era Baler, una aldea compuesta por una iglesia, un hospital, la casa del gobernador, los barracones de la tropa (un cabo y cuatro guardias civiles) y las viviendas de los nativos. Aunque Baler, sobre el mapa, está cerca de Manila, en la práctica está muy lejos: rodeada de montañas y aislada por un río, sus comunicaciones con el exterior son dificilísimas. También allí había llegado la guerra. Desde agosto de 1897, el pacífico poblado había sido escenario de enfrentamientos entre los rebeldes tagalos, escondidos en la selva, y las tropas españolas enviadas de refuerzo. La calma volverá cuando el líder independentista, Aguinaldo, sea derrotado. Pero como Baler se ha convertido en un foco de conflicto, España decide reforzar el puesto: así, hacia febrero de 1898 se instalan en Baler 50 hombres al mando de los tenientes Juan Alonso Zayas y Saturnino Martín Cerezo, bajo la autoridad del nuevo gobernador de la plaza, el capitán Enrique de las Morenas. Y en ese momento, cuando parece que la paz ha vuelto a Baler, los yanquis declaran la guerra a España.
 
El destacamento español de Baler, aislado en aquel lugar, lo ignora todo sobre la guerra con Norteamérica. Bastante tiene el capitán De las Morenas con prevenir nuevas insurrecciones: los tagalos están en la selva, esperando la oportunidad de volver al ataque. Hasta junio no se enteran los de Baler de que están en guerra con los EEUU. Ese mismo mes, los tagalos vuelven a la carga. Un día, el poblado amanece desierto: claro indicio de que va a comenzar el ataque. Los españoles se encierran en la iglesia y cortan toda comunicación con el exterior. Comienza así un asedio que hará historia.
 
Cuestión de principios
 
La presencia española en Filipinas se desploma. Los rebeldes tagalos suman decenas de miles. Para colmo, los yanquis desembarcan a todo un cuerpo de ejército. Las tropas españolas no pueden oponer resistencia. Cae toda la provincia de Luzón. Manila está sitiada. Los rebeldes proclaman la independencia. Pero, en Baler, los españoles aguantan. Los filipinos, cada vez más numerosos, les envían mensajes: que Filipinas ha caído, que toda resistencia es inútil, que se rindan y serán bien tratados… Pero los de Baler se niegan a creerlo. Se suceden los combates. Los españoles, firmes, resisten. Exasperado, el mando filipino les plantea un ultimátum. Decía así:
 
“Acabo de llegar con tres columnas de mi comando y, enterado de la resistencia inútil que mantenéis, os informo de que si deponéis las armas en el plazo de veinticuatro horas, respetaré vuestras vidas y propiedades, y seréis tratados con toda consideración. De lo contrario, os obligaré a entregarlas. No tendré ninguna compasión de nadie y haré responsables a los oficiales de cualquier fatalidad que pueda ocurrir.”
 
Los españoles de Baler deliberan. Piensan que todas las noticias que les dan los tagalos sobre el hundimiento español son simples engaños. No están dispuestos a rendirse. Así contestaron los nuestros:
 
“A mediodía de hoy termina el período fijado en su amenaza. Los oficiales no pueden ser considerados responsables de las fatalidades que ocurran. Nos une la determinación de cumplir con nuestro deber, y deberás comprender que si tomas posesión de la iglesia, será solamente cuando no haya nada en ella más que los cuerpos muertos. La muerte es preferible a la deshonra”.
 
La capacidad de resistencia de los españoles es inaudita. Hacen un pozo para obtener agua. Sacan víveres de donde pueden. Con piezas viejas y pólvora de cohetes fabrican dos cañones. Los filipinos disparan desde todas partes. Pasan los meses. La iglesia está semiderruida, aumentan las bajas, pero Baler aguanta. Una y otra vez intentan los filipinos que los españoles se rindan. Inútilmente. Durante el verano de 1898 se consuma el desastre: cae Manila, España entrega las islas, las tropas vuelven a casa, pero los de Baler, ignorantes de todo eso, resisten. Los tagalos envían a dos sacerdotes españoles para que le cuenten la verdad a De las Morenas; pero el capitán no les cree y, aún más sorprendente, los sacerdotes deciden quedarse con los sitiados. Aquel puñado de hombres es un microcosmos de España: hay andaluces, valencianos, canarios, catalanes, castellanos, gallegos… Los manda un teniente de Cáceres, con un corneta de Zaragoza. ¿Por qué se obstinan en no creer a los filipinos? Porque les parece inverosímil que las islas se hayan perdido en tan poco tiempo. Por eso resisten.
 
Por si las cosas estuvieran poco difíciles, empieza a hacer estragos el beriberi, una enfermedad que se contrae por falta de vitamina B1. Los sitiados ya no tienen zapatos; se fabrican zuecos con madera y cuerdas. Sus ropas están deshechas; se confeccionan uniformes con sábanas del hospital. A finales de noviembre, De las Morenas se siente morir: es el beriberi. ¿Qué hace? Envía una carta a los filipinos instándoles a que se rindan y entreguen las armas, prometiéndoles que recibirán un trato benévolo. El enemigo reacciona con furia; la resistencia española no se quiebra. Hacia diciembre, en la iglesia de Baler quedan sólo 35 hombres. Los españoles están exhaustos, pero el nuevo jefe, el teniente Cerezo, ordena celebrar fiestas todas las tardes, con música y canciones, para demostrar que la moral de los sitiados no mengua. Más aún: los españoles todavía tienen arrestos para hacer varias salidas y quemar las posiciones avanzadas de los filipinos, ganarles terreno, cazar su ganado, robarles víveres.
 
El 21 de enero de 1899, el ya presidente Aguinaldo firmaba la Constitución filipina. Los norteamericanos, por su parte, reclamaban la soberanía sobre las islas. El conflicto entre ellos estallará en febrero. Pero los españoles de Baler, ajenos a todo, seguían manteniendo la bandera en su ruinosa iglesia. Es ya el mes de marzo cuando Aguinaldo, exasperado, manda refuerzos. Los filipinos cañonean sin cesar; los españoles no se rinden. Llevan 282 días de sitio. Se les han acabado los víveres; comen hierba, ratas, caracoles, pájaros. El teniente médico Vigil, herido y enfermo, se hace desplazar en un sillón para atender a los otros heridos. A finales de mayo de 1899, los filipinos intentan un asalto general, pero son rechazados por los españoles y se retiran dejando 17 muertos en el campo. Es por entonces cuando llega un emisario español: el teniente coronel Aguilar, del Estado Mayor del general De los Ríos. Aguilar se entrevista con Cerezo y le cuenta que Filipinas se ha perdido, pero Cerezo no puede creerlo. Así fue la conversación:
 
– “¡Pero hombre! ¿qué tengo que hacer para que Vd. me crea, espera que venga el General Ríos en persona?”
– “Si viniera, entonces sí que obedecería las órdenes”.
 
Sin embargo, lo que despejó todas las dudas fue uno de los periódicos españoles que Aguilar dejó a los sitiados: allí Cerezo leyó una noticia que no podía ser un truco, porque hablaba de un amigo suyo. Así que el teniente Martín Cerezo reunió a la tropa y le expuso la situación: era verdad, la guerra se había perdido, España se había rendido y ellos, los de Baler, eran los últimos de Filipinas. Había que buscar una forma honrosa de rendir la posición. Cerezo se reunió con el jefe enemigo y pactó las condiciones: abandonar la plaza sin ser hechos prisioneros ni sufrir daños. Tras 337 días de asedio, los treinta y tres supervivientes, los héroes de Baler, abandonaban la iglesia enarbolando la rojigualda entre un pasillo de filipinos que les presentaban armas. El propio presidente Aguinaldo recibió a los héroes y les ofreció obsequios y alojamiento. Aguinaldo, admirado por el valor de aquellos hombres, publicó un decreto que decía así: 
 
“Habiéndose hecho acreedoras de la admiración del mundo las fuerzas españolas que guarnecían el destacamento de Baler, por el valor, la constancia y heroísmo con que aquel puñado de hombres aislados y sin esperanza de auxilio alguno, han defendido su bandera por espacio de un año, realizando una epopeya tan gloriosa y tan propia del legendario valor de los hijos del Cid y de Pelayo; rindiendo culto a las virtudes militares e interpretando los sentimientos del ejército de esta República, que bizarramente les ha combatido, vengo en disponer lo siguiente: Los individuos de que se componen las expresadas fuerzas no serán considerados como prisioneros, sino por el contrario, como amigos; y en su consecuencia, se les proveerá, por la Capitanía General, de los pases necesarios para que puedan regresar a su país”.
 
Los héroes de Baler llegaron a España en septiembre de 1899. Fueron recibidos con todos los honores. Hoy, en la iglesia de Baler, una placa recuerda su gesta. En Filipinas se ha instituido recientemente el día hispano-filipino; se celebra el 30 de junio, en recuerdo de aquel decreto del presidente Aguinaldo. En España no hay un día específico que recuerde a aquellos valientes. Pero todos los días deberían ser el día de los últimos de Filipinas, de los héroes de Baler.
José Javier Esparza.

LA EXPEDICIÓN DE LOS ALMOGÁVARES

julio 1, 2008

La paz de Caltabellotta dejó sin trabajo a las compañías de almogávares, soldados mercenarios que ya habian luchado en la Península Ibérica al servicio de los reyes de la Corona de Aragón, y que después combatieron en Sicilia al servicio de Frederic II.

Los almogávares eran unos temibles y aguerridos soldados profesionales que alcanzaron gran notoriedad en su tiempo a causa de su proverbial frugalidad y de su valor en la batalla. Solían luchar a pie, armados con lanzas y dardos. Eran “gente de frontera”, catalanes y aragoneses sobre todo, aunque también había entre ellos musulmanes.

Sin embargo, la eficaz ayuda que representaban en tiempos de guerra se convertía en una gravísima fuente de complicaciones y problemas en tiempos de paz, ya que su presencia solía provocar numerosos conflictos y altercados con los campesinos, a quienes expoliaban o extorsionaban para obtener los recursos que necesitaban.

Por ello, los sicilianos y su rey Frederic II vieron con muy buenos ojos que los almogávares fueran contratados por el emperador de Bizancio, Andrónico II, que necesitaba soldados para luchar contra los turcos, que amenazaban el Imperio pues habían ocupado casi toda Asia Menor, y se acercaban peligrosamente a Constantinopla.

Dirigidos por Roger de Flor, un antiguo templario, formaron un cuerpo expedicionario llamado la Gran Compañía Catalana, integrado por unos 4000 almogávares y otras fuerzas mercenarias, que se trasladó a Constantinopla a finales de 1303. El emperador Andrónico los envió a luchar a Asia Menor, donde derrotaron repetidamente a los turcos y ocuparon diversas ciudades, como Germe, Filadelfia, Furmi y otras.

El emperador, no muy seguro de la fidelidad de los almogávares, les ordenó replegarse. Así a finales de 1304 la Gran Compañía se estableció en Galípolis. Concluidas nuevas negociaciones con el emperador, Roger de Flor obtuvo el título de césar y recibió en feudo todos los territorios conquistados. Eran unas concesiones extraordinarias, que motivaron el desacuerdo del hijo del emperador, el futuro Miguel IX, quien conspiró contra los almogávares. Éstos, por otra parte, suscitaban por doquier el odio popular por sus innumerables abusos y excesos.

Finalmente, Roger de Flor, fue asesinado a traición en Adrianópolis (1305).

El asesinato de su principal dirigente provocó una terrible reacción de los almogávares. La llamada venjança catalana. Dirigidos por Berenguer d’Entença y Berenguer de Rocafort, no sólo resistieron los ataques de las tropas enviadas por los bizantinos contra ellos, sino que devastaron y asolaron Tracia y otras regiones del Imperio.

Pero sin la autoridad de Roger de Flor pronto surgieron rivalidades, hasta el extremo de que Berenguer d’Entença fue asesinado por orden de Bernat de Rocafort. Frederic II de Sicilia envió al infante Ferrán de Mallorca como lugarteniente suyo, pero al no conseguir imponerse a las rencillas de los dirigentes de los almogávares, abandonó la empresa.

Los almogávares pasaron al servicio de diversos señores hasta que, finalmente, en la batalla de Cefiso (1311), derrotaron a las tropas francesas del duque de Atenas, Gualterio de Brienne, ocuparon su ducado y se establecieron en él, reconociendo la soberanía del rey de Sicilia.

La batalla de Cefiso es un buen ejemplo del estilo de lucha de los almogávares: desviaron el curso de aquel río y convirtieron en un inmenso barrizal la llanura donde debía desplegarse la caballería francesa. Aprovechando la pérdida de maniobrabilidad de los jinetes franceses, se lanzaron sobre ellos y los derrotaron completamente.

En 1318, los almogávares conquistaron la parte meridional de Tesalia y constituyeron en ella el ducado de Neopatria (1318). En 1380, los ducados de Atenas y Neopatria pasaron a la soberanía de Pere el Cerimoniós, pero se perdieron pocos años después.

Las proezas de los almogávares han sido narradas por el cronista Ramón Muntaner, que participó en la expedición.

 

Bibliografía: Historia de Catalunya. Ediciones Primera Plana S.A.  Autor Jordi Galofré.