LA VIVIENDA: LA SUTIL ESCLAVITUD DE LA ESPAÑA DEL SIGLO XXI

El constante aumento del precio de la vivienda está haciendo que todos los sectores especulativos de la sociedad pongan sus ahorros al servicio de esta forma de mercado, donde lo que se pretende es hacerse rico en poco tiempo, sin pensar en el tipo de sociedad que se está diseñando con este escenario de especulación como elemento esencial en la vida de la persona.

A los que nos alarma esta situación, incluso encontrándonos en el bando de los que podríamos sacar beneficio de esta práctica, nos salen al camino los defensores del libre mercado cuando, precisamente, lo que falta en ese mercado es la libertad. La vivienda no debería ser un elemento de consumo donde uno puede decidir si compra o no, puesto que el techo es un elemento imprescindible para el desarrollo personal y familiar del hombre. Para entenderlo sólo hace falta ver la falta de condiciones dignas que acompaña la vida de los sin techo.
Si la vivienda es un elemento esencial para el desarrollo de la vida en condiciones dignas, a los que presumimos de estar en la vanguardia del pensamiento social no nos puede ser ajena la realidad actual, en la que el precio de la vivienda está mermando la condiciones de dignidad de los hombre y mujeres ya que su alto valor supone una HIPOTECA de la vida de los trabajadores, y una frustración de los sueños de nuestra juventud  frenando su desarrollo personal y familiar y haciendo inalcanzable el proyecto de la construcción de un hogar.

En algunas capitales españolas los precios de las viviendas, con no mas de 80 metros cuadrados, están alcanzando un valor de entre los 360.000 y 500.000 euros. Teniendo en cuenta que un trabajador gana de media entre 18.000 y 24.000 euros, que en muchos casos no se llega a los 12.000 euros y que sólo en Madrid hay 450.000 personas con ingresos inferiores a 300 euros mensuales, la ecuación es sencilla. Para pagar una vivienda es preciso que un trabajador dedique los ingresos de su salario de más de dos tercios de su vida laboral. Y lo más sangrante es que existe mucho suelo donde poder construir.

 

Esta situación se asienta en la voraz especulación y en la usura sin freno, que ha hecho que socialmente se piense que uno es rico por el valor de su vivienda, pero en realidad no se es dueño de la plusvalía, pero crea el  clima social propicio para la  permisividad y pasividad ante  esta usura, que en otros tiempos de la historia estaba penada. Y sobre todo, esta situación está alejada de los preceptos de contenido social de la Constitución donde se establece como valor al que llegar “ EL DERECHO DE TODO ESPAÑOL A UNA VIVIENDA DIGNA”.

Con esas hipotecas elevadas en la cantidad y alargadas en el tiempo, EL MERCADO SIN CONTROL  ha absorbido la libertad de muchas luchas sociales. Ejemplo de ello es   la lucha de las mujeres por acceder al mercado de trabajo. Hoy por hoy, la mujer, el hombre o bien la unidad familiar no es libre de configurar su futuro profesional o familiar, porque a final de mes, un señor espera implacablemente que se pague un alto peaje por tener un techo. Hoy no se puede llamar liberación de la mujer a su  acceso  al mundo del trabajo fuera del hogar, porque no existe libertad de elección, sino la coacción impuesta socialmente a través de los precios especulativos del suelo.

Si finalmente se consigue un techo, normalmente éste no se podrá utilizar para el desarrollo personal y familiar, puesto que el comprador se auto impondrá  las horas extras o los pluriempleos para pagar religiosamente la hipoteca. En este contexto tener un hijo se llega a contemplar, por el ahogo económico, como un gasto impensable.

El trabajador tendrá que trabajar para pagar su vivienda casi toda su vida, no podrá formar un familia y, si la forma, no tendrá tiempo para estar con sus hijos y acabará  pidiéndole al Estado que amplíe los horarios de los colegios. El Estado, al final, fiel servidor del sistema, no luchará contra la especulación, pero sí prolongará el horario de los colegio para los progenitores trabajen más y las letras de los pisos puedan ser más altas.

De este modo al Estado, servidor de esos intereses, no le importará que el desarrollo de su pueblo esté muerto y fomentará de manera inhumana la inmigración ilegal para que sus nuevas “víctimas” se amontonen en pisos donde para poder pagarlos. Y allí  dormirán por turnos, comerán por turnos, y se asearán por turnos.

Descrita esta realidad, no podemos por menos que comenzar a pensar que, bien por acción u omisión, la esclavitud, el sometimiento social ha cambiado de métodos, de hábitos, de herramientas, de escenarios, pero está lejos de dejar de someter al hombre a sus devoradoras garras,  utilizando elementos de entramados sociales, y valores predominantes que hacen más difícil la concienciación social, que en  otras épocas generó grandes movilizaciones que consiguieron arrancar derechos que ya nadie se atreve negar.

Hoy al trabajador no le vale de mucho la reivindicación laboral, porque no es sólo en la empresa donde se produce el gran problema social. El valor del suelo, su aumento porcentual  continuo sobre el sueldo de los trabajadores hace trizas los derechos salariales y de todo tipo que el trabajador pueda tener en la empresa, al verse todos absorbidos por las obligaciones hipotecarias adquiridas, extendiéndose así la explotación desde el poder empresarial al poder puramente económico y especulador de las grandes corporaciones de capital financiero, de los bancos y las promotoras de viviendas.

Los falangistas auténticos luchamos por encontrar las soluciones que lleven a los trabajadores a tener una VIVIENDA DIGNA sin que para ello tengan que perder su propia dignidad. Hoy, quizás, es el tiempo oportuno de exigir con firmeza la expropiación de terrenos rústicos por parte del Estado, y convertirlos posteriormente en urbanizables, construyendo un gran parque de vivienda protegida contra la especulación que ponga freno a la llegada de dinero manchado de usura y corrupción a la construcción de los hogares para el futuro de España.

Porque así se construye una patria, así es como se ponen las bases de una Justicia Social firme sobre las que crear esa unidad que hace grande a los pueblos que la encuentran. No se construye la Patria ni se hace Justicia Social declarándose rojo en la revista Mari Clair ni resucitando valores que acabaron enfrentando a los españoles en una guerra entre hermanos.

Nuestra mirada está en el FUTURO, nuestro empeño es la JUSTICIA SOCIAL y nuestra patria es una ESPAÑA plural, unida y solidaria.
FA

Escrito por Juan Fco. Gonzalez Tejada el 30/10/05

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